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EL FENÓMENO DEL SECTARISMO MODERNO

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Enviado el 26-dic-2010 a las 23:21 por Wolfi30

Taller sobre Sectas

Modulo I

EL FENÓMENO DEL SECTARISMO MODERNO

1. INTRODUCCIÓN AL SECTARISMO ACTUAL. ACTUALIDAD DEL TEMA


En prácticamente todos los países aparece, en mayor o menor intensidad, el fenómeno sectario moderno, visible en infinidad de grupos que disputan el espacio de la fe a las religiones e Iglesias establecidas, no sin graves escándalos de todo tipo en numerosas ocasiones. El fenómeno preocupa y suscita el justo interés de políticos, jueces, legisladores, policías, sociólogos, psicólogos, pastores, en una síntesis, de profesionales y estudiosos de las cuestiones sociales y humanas.



Una pregunta, ante las libertades religiosas es qué es lo que las autoridades públicas pueden y deben hacer contra las sectas. Todos conocemos casos que nos hablan del fuerte impacto del sectarismo en nuestra sociedad y familias.



Se trata de un fenómeno que se observa en prácticamente todos los rincones geográficos. Son legión los predicadores de nuevas doctrinas, anunciadores del fin del mal y del mundo, de nuevas promesas de cambio y progreso para la humanidad. La mayoría dicen hundir sus raíces en las fuentes más genuinas del cristianismo mediante una relectura de la Biblia y la práctica de un cristianismo más auténtico. Se proclaman los únicos detentadores de la verdad, a la que dicen someterse. Pretenden tener dones divinos de sanación, de profecía, de liderazgo. Ellos seducen por la fuerza de sus convicciones, por la simplicidad de su doctrina al tiempo que suscitan un rosario de interrogantes que preocupan a todos.



Centrándonos en las Iglesias cristianas las sectas plantean problemas pastorales de gran envergadura.



Algunos especialistas no ven en este fenómeno más que la manifestación de una crisis de civilización, de cambio cultural y/o religioso.



Pero los líderes y pastores religiosos se sienten fuertemente interpelados ante el mismo, pues la mayor parte de la clientela sectaria proviene de personas que han abandonado su fe para dar su nombre a estos grupos.



¿Por qué tienen éxito las sectas, sobre todo en sectores en donde a las Iglesias parece fracasar?



Con razón se ha hablado del fenómeno como «signo de los tiempos» en cuanto nos remite a vernos tal como somos ahora mismo, a interpelarnos en nuestra actual situación evangelizadora. Las sectas, para las Iglesias, entonces se convierte en un reto, un desafío de cara a encarnar el Evangelio de Jesús en toda su profundidad, un desafío que nos tiene que mover a una necesaria preparación en la fe para poder dar respuesta de nuestra esperanza a los demás, un reto que nos obliga a descubrir el rostro de Dios en el rostro del pobre, un reto que anima a la Iglesia a presentarse ante el mundo y el hombre como fiel servidora, como anticipo del Reino de Dios ganado por Jesucristo, desafío y reto de cara a la unidad visible de los cristianos, con una sola alma, una sola voz, un solo cuerpo. En este sentido quisiera recordar el pensamiento sectario africano que obedece a la siguiente consigna: «Si los cristianos occidentales tienen tantas Iglesias y están tan divididos en múltiples confesiones ¿con qué derecho y fuerza moral nos impedirán hacer nuestra propia Iglesia, establecer nuestro propio Credo?»



Hagamos memoria de la historia. Ella nos enseña que la problemática sectaria no es nada nueva. Ya en el cristianismo naciente Pablo tuvo que responder y buscar soluciones a este problema tras comprobar la existencia de escisiones y enfrentamientos en las comunidades por él establecidas. La segunda carta de Pedro coloca al fiel en guardia ante las «sectas corruptoras». Lo mismo se pude decir del evangelista Juan ante el naciente gnosticismo.



La Iglesia primitiva tuvo que hacer frente a múltiples herejías y cismas. Ellos escriben gran parte de su obra en defensa de la fe ortodoxa, principalmente en relación a la doctrina cristológica y trinitaria.



Y a través de toda la historia de la cristiandad se producen fenómenos sectarios de diversos tipos, y con diferente desarrollo a través del tiempo.



Todo ello nos indica que, al menos por lo que se refiere al sectarismo de impronta cristiana, existe una línea de continuidad dentro de la tendencia separacionista y sectaria, que ha llegado hasta nuestros días con inclusión de elementos destructivos mediante el empleo de técnicas y métodos de control mental, así como con la utilización y explotación de las personas.



En diversas ocasiones he apuntado la dificultad de establecer los parámetros diferenciadores entre secta, religión e Iglesia, señalando que es difícil establecerlos. También muchas veces he hecho mención a la falta de acuerdo en el alcance de la palabra secta. Su actual carga valorativa la invalida. El relativismo acompaña al término y su definición. A estas dificultades se añade el problema de las actitudes personales -y grupales- sectarias que se desarrollan en los movimientos considerados sectarios como en las iglesias y religiones instituidas.



Dada la complejidad apuntada aquí no entraré, ni tan siquiera de manera concisa, en las cuestiones conceptuales que doy por sentado.



En primer lugar destaco un hecho que me parece revelador de las sectas en cuanto desafío y reto pastoral. No todas las personas que entran a formar parte de estos grupos lo hace como resultado de la aplicación de técnicas de control mental o de persuasión engañosa; en función de promesas sociales, económicas o de cualquier otro tipo que le beneficien; porque atraviesen por circunstancias personales o familiares negativas; o bien como fruto del adoctrinamiento intensivo y manipulador.



Conviene que lo digamos con claridad. En el proceso de incorporación el engaño, la aplicación de métodos y técnicas que atentan contra las personas, no es el factor decisivo. El factor ideológico, el doctrinal, pesa igual que el de las conductas y, la mayoría de las veces, es el determinante del ingreso en las filas sectarias. Es decir, en las sectas no se entra por malas razones. En las sectas también se dan, en un elevado número, incorporaciones que obedecen a una decisión voluntaria, querida, con motivaciones que descansan en la conversión, en el seguimiento sincero de una enseñanza, un líder, una fe.



A menudo especialistas y Centros dedicados al fenómeno sectario no dan la importancia que merecen las ideas y creencias, atendiendo sólo a los procesos metodológicos de propaganda y adoctrinamiento. Esto conduce a un vacío en los análisis y estudios de la problemática sectaria que, a mi juicio, repercute negativamente en su tratamiento.



Entre las necesidades y aspiraciones humanas que parecen satisfacer las formaciones sectarias solamente hago referencia a las que pueden ser catalogadas como espirituales o religiosas.



Un tipo de persona que se acerca a la secta es la que han sido calificada como "buscador espiritual". En su sed de trascendencia, de búsqueda de respuestas últimas y definitivas, la secta parece ofrecerle un encuentro con la Palabra revelada; un sentido de salvación; un lugar de meditación y realización espiritual; una guía y orientación a través de unos líderes carismáticos y cercanos. Como contrapartida se da una fuerte sumisión de la figura del maestro o líder, una devoción patológica, un empleo de la Biblia carente de raciocinio y fanático, un emocionalismo efectivista, una trascendencia lejana y dura para con el hombre.



Otro tipo de persona que accede como resultado de una opción personal lo hace porque sus necesidades y aspiraciones no han tenido suficiente respuesta en la Iglesia. Esto pone al descubierto las fallas de nuestra fe sociológica y de nuestras propias estructuras eclesiales y pastorales. El sentido de pertenencia no apagado en el hombre moderno parece encontrarse con fuerza en las sectas a través del estímulo, la ayuda y el reconocimiento en pequeñas comunidades, el compartir, el compañerismo, la atención a la persona, etc.



Asimismo, un tercer grupo de personas ingresan en las sectas buscando respuestas fiables y de peso. Las sectas les ofrecen soluciones simples, confeccionadas para los problemas y situaciones complicadas; versiones parciales o manipuladas de la verdad; un mensaje religioso triunfante, pragmático; una "nueva verdad", única, completa, que anula y supera a las anteriores.



Finalmente, otro grupo lo constituyen los buscadores de compromiso y participación. A estos las sectas le ofrecen un lugar concreto, un puesto desde donde poder participar y sentirse útil, una misión concreta.



"Las sectas parece que viven lo que creen, con una fuerza (frecuentemente magnética), con convicción, devoción y compromiso, saliendo al encuentro de la persona para llevarla a donde ellas están, afectuosa, personal y directamente, sacando al individuo del anonimato, promoviendo la participación, la espontaneidad, la responsabilidad, el compromiso... y practicando un intenso seguimiento mediante múltiples contactos, visitas a las casas y continua asistencia y guía. Ellas ayudan a reinterpretar la propia experiencia, a considerar de nuevo los propios valores y a llegar a las últimas consecuencias en un sistema que comprende todo. De ordinario hacen un convencido uso de la palabra: predicación, literatura, medios de comunicación (para los grupos cristianos, una insistencia particular en la Biblia). Frecuentemente están convencidas también del misterio de la salvación. En una palabra, se presentan a sí mismas como la única respuesta, la "buena nueva"…

Termino señalando lo que los técnicos dicen de que las sectas vienen a llenar vacíos que, por distintos motivos, dejan las iglesias. No olvidemos que las sectas, sobre todo las de impronta cristiana, pululan más óptimamente en los ambientes cristianos o, mejor dicho, descristianizados.



Estas "carencias pastorales" hunden sus raíces en el excesivo elitismo y sentido corporativo de gran parte del clero y jerarquía; en la endémica falta de preparación religiosa y bíblica de nuestros fieles; en la escasa participación de la Iglesia; en la despreocupación ecuménica por parte de todos los miembros de la comunidad cristiana; en la excesiva burocratización e institucionalización de nuestras iglesias; en el desproporcionado interés por el compromiso temporal y político de la fe con exclusión de la dimensión orante, contemplativa, en una palabra, espiritual.



2. GÉNESIS Y DESARROLLO DE LAS SECTAS



Por lo general en el origen de una secta suele haber una protesta religiosa. Su génesis obedece a cierta lógica de evangelismo, en virtud del cual se llega a la convicción de que hay una necesidad de ruptura total con la entidad eclesial mayoritaria.



El primer paso es contraponer a una manifiesta decadencia del espíritu evangélico una vuelta a los orígenes. Se sobrevalora así un determinado aspecto de la verdad que queda, en muchos casos, aislada del conjunto de la enseñanza bíblica.



A partir de este momento la nueva entidad comienza su andadura consciente de que con su misión se preserva la verdad de Dios en medio de un mundo adverso y con unas iglesias apóstatas.



El diálogo ecuménico, el estudio comparativo, la búsqueda de la verdad y servicio a la humanidad aparece como algo superfluo cuando no negativo. Subsiste un latente peligro. La menor desviación del espíritu inicial puede producir un cisma dentro de la misma secta. Además, cuando ésta deja su radicalidad y se instala en la urdimbre social entonces aparecen síntomas de su transformación en otra realidad distinta y nueva en relación a la anterior sectaria.



3. EL FENÓMENO DE LAS SECTAS
DENTRO DEL LLAMADO «DESPERTAR RELIGIOSO»



Los estudiosos de la religión enmarcan el hecho dentro del nuevo despertar religioso. Se trata de un fenómeno común a las religiones que en un determinado momento de su existencia da lugar a personas y grupos que se proclaman inspirados, con propuestas de vuelta al fervor y pureza originales, originando así un movimiento contrario a lo institucional y jerárquico al entender vivir el aspecto espiritual de la religión.



El término despertar nos remite aquí a la dimensión religiosa del hombre. En relación a ella decimos nuevo en cuanto al ambiente de secularismo que no concuerda con la aparición de lo sagrado, que ya se suponía extinguido.



En la actualidad nos encontramos con verdaderos focos de atracción espiritual, de renovación en la vida de fe. Se trata de lugares de acogida que se convierten en auténticas escuelas de oración y solidaridad, basadas en la enseñanza que se desprende del testimonio. Existen en este sentido lugares modélicos en donde el encuentro con Dios y con el hermano es una realidad esperanzadora por el contenido de unidad que conlleva.



Por otra parte el Espíritu no ha dejado de soplar y otorgar sus carismas. Contemplamos sus efectos: renovación en la vida contemplativa y comunitaria; retorno a la Biblia; acogida fraterna y cálida; comunidades comprometidas con su ámbito existencial; evangelización por la solidaridad y la comunión de bienes; diálogo interreligioso; grupos de oración y praxis ecuménica....



No obstante lo anterior, tenemos también espacios en donde lo sagrado se manifiesta si bien desde una vivencia patológica como es la sectaria. Aparece así numerosas formaciones que invierten en este despertar religioso tratando de ganar adeptos para su causa. En primer lugar apuntamos a las sectas de origen o impronta cristiana como Testigos de Jehová, Mormones, Adventistas del séptimo día, Moonis, Comunidades Neoapostólicas, Vida Universal, Iglesia de Dios Universal, El Camino, ciertos grupos pentecostales extremistas, etc. La mayor parte de estos grupos proceden del protestantismo de corte milenarista y mesiánico de los Estados Unidos. Se trata de grupos muy cerrados en torno a sus dirigentes y doctrinas; son contrarios a las Iglesias (a quienes catalogan de “babilonia”), sus instituciones y pastores.



Unos grupos que están alterando el mapa sectario y avanzando en este terreno de manera cuantitativa son los que manan del sincretismo religioso en maridaje con el esoterismo. Aquí habría que mencionar a la Sociedad Teosófica, la Antroposofía, los Rosacruces, el fenómeno de la Nueva Era o Era de Acuario, las llamadas Iglesias gnósticas, los nuevos templarios, los satanistas,...



Otros movimientos tratan de beber de la tradición religiosa oriental, rescatando sus elementos más principales, haciéndolos fácilmente digeribles y atractivos para el hombre occidental al tiempo que son manipulados. Son Hare Krisna, Misión de la Luz Divina, Meditación Trascendental, Osho Rajnees, Ananda Marga,...



Lo oculto e irracional está impactando de manera importante. Está muy de moda todo lo relacionado con la magia (tanto negra como blanca) y la brujería, el espiritismo o canalismo, la ufología, las mancias (astrología, cartomancia, quiromancia, tarot...), la utilización de los ángeles, la demonología,... Esto denota que el hombre no ha dejado de ser un buscador espiritual, un buscador de respuestas vitales y plenas de sentido.



Todo ello nos conduce a la contradicción interna de nuestra sociedad. Es decir, los herederos directos de la denominada «muerte de Dios», de la secularización, desmitologización, desacralización y desmagización, resulta que son precisamente los portavoces y consumidores de falsas respuestas religiosas, de los mitos y de los fanatismos más radicales y atroces, seguidores de las patologías religiosas más perversas. Es como una reacción contra la vaciedad de una vida sin orientación, desarrollada en medio de una sociedad competitiva y salvaje, como es la sociedad neocapitalista liberal, basada en el consumo y en el divertimento, en el egoísmo y la pereza espiritual.



4. LAS SECTAS Y EL DESPLAZAMIENTO DE «LO SAGRADO»



Este despertar del sentimiento religioso, del mundo de lo sagrado, constatable como hemos apuntado en múltiples de respuestas no siempre acertadas, es objeto de reflexión y análisis.



Algunos autores lo califican despectivamente de involucionismo. Otros, por el contrario, celebran ruidosamente su venida. Pero juntamente con lo legítimo religioso sobreviene el confusionismo espiritual y su mercantilización. En el contexto eclesial puede haber mayor religiosidad sin que necesariamente haya mayor fe y vida cristiana.



Se observa, eso sí, un desplazamiento de lo sagrado. Sería equivocado deducir de la aparición de lo sagrado un resurgimiento de lo cristiano, pues ese «Dios sin rostro» nada tiene que ver con el Dios de Jesucristo.



Contemplado el problema desde otra perspectiva podemos afirmar que la tan utilizada irreligiosidad quizá no sea más que aparente descristianización. Personas que no son ya cristianas, no por ello se convierten en irreligiosas. Esto nos indica que hay que andar seguro al valorar el hecho del reavivamiento religioso que se observa en la sociedad actual.



Cara y cruz del despertar religioso. Dentro de éste, las sectas no es más que uno de los aspectos del fenómeno y tal vez no el más importante. Pero es el que llama más poderosamente la atención y el que más está recabando una respuesta pronta y eficaz.



5. APROXIMACIÓN A UNA DEFICIÓN DE «SECTA»



Es sumamente difícil el proponer una definición de secta, como también el delimitar la frontera entre Iglesia y secta desde una perspectiva sociológica. La carga peyorativa que comporta el término obliga a utilizar otras palabras para dar cuenta de su realidad. Además, topamos con el problema de la movilidad social de los grupos catalogados de sectas que, con el discurrir histórico, pueden convertirse en realidades de otra naturaleza. Un cierto relativismo está siempre presente en la aplicación del término secta. (Por ejemplo las discusiones en el mundo protestante si los Adventistas del 7° día son o no una secta, lo cual produce cierta confusión, aunque yo considero que sí lo son)



En su raíz parece indicar seguimiento o separación radical. Desde la sociología la secta se refiere a un grupo con creencias estrictas al que se une voluntariamente; es expresión de un desafío al mundo o bien de un apartamiento del mismo; autosuficiente no desarrolla contactos ni diálogos con el mundo exterior al que anatemizan; con una fuerte cohesión interna basada en la seguridad que proporciona la guía o revelación del líder; y un factor de rigorismo doctrinal, disciplinar y moral que les separa de toda otra realidad.



Otro problema añadido lo proporciona la comprensión social del término. En general, en la sociedad se entiende por secta un grupo que emplea sofisticados métodos de manipulación y coerción, que atentan contra los derechos del individuo. Es decir, que lo que determina a un grupo como secta no es tanto la doctrina que profese o la ideología que lo sustente, sino más bien los medios que posee y el cómo los utiliza. Esta definición es la que ofrece el Congreso de Wisconsin y la Resolución del Parlamento Europeo al hablar de sectas destructivas.



Una secta destructiva se caracteriza, según dicho Congreso, por ser un movimiento totalitario caracterizado por la adscripción de personas totalmente dependientes de las ideas del líder y de las doctrinas del grupo dirigidas por el líder, que puede presentarse bajo la forma de entidad religiosa, asociación cultural, centro científico o grupo terapéutico y que utiliza las técnicas de control mental y de persuasión coercitiva para que todos los miembros dependan de la dinámica del grupo, y pierdan así su estructura y su idea de pensamiento individual, en favor de la idea colectiva y del grupo, creándose, muchas veces, un fenómeno de epidemia psíquica y un fenómeno de pensamiento colectivo, sin que tenga que ver la personalidad propia del individuo. Por su parte, el Parlamento Europeo explica la secta destructiva diciendo que son nuevas organizaciones que operan bajo la cobertura de la libertad religiosa, que atenta contra los derechos civiles y contra los derechos humanos del hombre, comprometiendo la situación social de las personas afectadas.
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