PDA

Ver versión completa : Juan Wyclif


25-mar-2002, 20:09
Profesor en Oxford

Aunque no sabemos la fecha exacta de su nacimiento, sí sabemos que se crió en el norte de Inglaterra y que emerge de la bruma medieval como estudiante en Oxford. En 1372 consigue su doctorado y pronto alcanza prominencia como profesor en la universidad.

Controversias

Enseguida se vio envuelto en los debates sobre las esferas de autoridad del Estado y de la Iglesia. El pensamiento dominante era que el papa tenía absoluta autoridad sobre los asuntos espirituales y temporales, pero él veía las cosas de otro modo.


En primer lugar, sostenía que el único propietario de todas las cosas, civiles y eclesiásticas, temporales y espirituales, es Dios y solamente Dios, quien otorga su uso, no su propiedad, para que las administremos, con la condición de que se haga un buen uso de ellas. Si el que las recibe abusa de ellas o las usa mal, pierde automáticamente su derecho a seguir en el puesto y disfrute de las mismas, siendo indiferente si es un cargo civil o religioso. Es más, en el caso de que se trate de un cargo religioso, la autoridad civil tiene potestad para despojar de sus posesiones al clero indigno. En 1377 el papa condenó las enseñanzas del profesor de Oxford.

Críticas al papado

Con el paso del tiempo Wycliffe se hizo más radical en su concepción de la Iglesia y en la necesidad de una reforma. El concepto del papado definido como una fuerza política que por medios políticos se impone sobre los hombres era para Wycliffe anatema. Poco a poco la oposición crecía en su contra, incluso en la misma universidad. Primero el canciller de la misma y un reducido núcleo condenaron sus doctrinas, luego el mismo arzobispo de Canterbury convocó un concilio nacional en el que las enseñanzas de Wycliffe quedaron sancionadas como herejías. Hacia 1382 el reformador fue silenciado en Oxford.


Wycliffe ante sus acusadores
Necesidad de la Biblia

Pero antes de eso Wycliffe había encontrado tiempo y apoyo para traducir la Biblia a la lengua del pueblo; en honor a la verdad hay que decir que antes de Wycliffe ya existían copias de la Palabra de Dios en Inglaterra, pero estaban en un lenguaje que las personas corrientes no entendían, de ahí que la luz de Dios estuviera bajo el almud sin que el pueblo pudiera verla. De la ignorancia de la Palabra procedían para Wycliffe todos los males de la nación.

"Llenaré Inglaterra con una luz, y todos los terrores fantasmales inspirados por los sacerdotes, y las ataduras con las que someten al pueblo con sus supersticiones desaparecerán como las sombras de la noche cuando el sol se levanta."

Primeros intentos de traducir la Biblia

Hasta el siglo VII no hallamos un intento de dar la Biblia al pueblo inglés en su lengua materna. Caedmon, un monje anglosajón, fue el primero en dar al pueblo un avance de lo que la Biblia contiene; pero no se puede decir que su obra fuera una traducción porque él selecciona ciertos pasajes del Pentateuco que tienen una carga más dramática y los pone en forma de poema: la Creación, los patriarcas, los milagros del Exodo y la peregrinación en el desierto.

Hubo otras paráfrasis, no traducciones, de porciones de la Palabra de Dios entre las cuales están las que hicieron Elfrico el Gramático y Alfredo el Grande; el primero compendió varios libros del Antiguo Testamento, el segundo instó en el siglo IX a un grupo de eruditos a que tradujeran las Escrituras, pero apenas había comenzado el proyecto cuando Alfredo murió y la obra se detuvo.

También hay que tener en cuenta el trabajo que en este sentido hizo Beda el Venerable en el siglo VIII, pues tradujo al anglosajón el evangelio de Juan. Pero desde el reinado de Alfredo el Grande hasta el tiempo de Wycliffe no hubo ningún intento, si exceptuamos el de Richard Roll en el mismo siglo de Wycliffe, de traducir ninguna porción de la Biblia. Incluso las traducciones o paráfrasis de las que hemos hablado, a duras penas salieron de los límites de los monasterios para terminar en la biblioteca de algún noble como raros ejemplares a ser admirados.

La traducción de Wycliffe

La idea de Wycliffe era traducir toda la Biblia para que todos los ingleses pudieran leer en su propia lengua las grandes obras de Dios; hasta entonces nadie había acometido una empresa así. Aunque su salud estaba quebrantada, su vigor intelectual y sus dones estaban en su madurez y tal vez toda su vida pasada había sido una preparación para esta noble tarea.




En la tranquilidad de Lutterworth abrió la Vulgata, esa Biblia que él había estudiado tanto, y se puso a traducirla. A su alrededor el mundo se debatía en convulsión: dos papas se anatematizaban el uno el otro; por un lado Urbano VI, desde Roma y apoyado por Inglaterra, Alemania y otros pequeños Estados europeos, reclamaba la jurisdicción sobre la Iglesia en su conjunto; por otro, Clemente VII, desde Aviñón, y apoyado por España, Francia y Escocia, hacía lo mismo. Desde su retiro, día tras día, versículo a versículo, Wycliffe continuaba su obra; al cabo de cuatro años estaba terminada.

Ahora el mensaje de lo alto estaba en lengua inglesa: el amanecer de la Reforma había comenzado. Para realizar tal trabajo Wycliffe contó con la inapreciable ayuda del Dr. Nicholas de Hereford, de Oxford, quien tradujo el Antiguo Testamento que fue parcialmente revisado por Wycliffe, quien a su vez tradujo el Nuevo Testamento. La versión era particularmente fidedigna y el antiguo idioma sajón le daba un aire de dramatismo a ciertos pasajes.

Obra maestra

La traducción de la Biblia significó, además de un impulso espiritual, una contribución decidida a la lengua inglesa al perfeccionar su estructura y enriquecer su vocabulario. La grandeza y pureza de las doctrinas vertidas comunicaban una sencillez, una belleza, una precisión y una fuerza hasta entonces desconocidas. Wycliffe ha sido llamado el padre de la prosa inglesa, igual que Chaucer es reconocido como el padre de la poesía inglesa. Ningún hombre de su tiempo escribió tanto como Wycliffe. Su estilo era sencillo y claro y aunque escribía sobre los temas más profundos no hay rastro en sus obras de las puerilidades y sutilezas que se aprecian en otros escritores de su tiempo. Pero su versión de la Biblia sobrepasa sus otras composiciones en lo que a dignidad, gracia y ternura respecta. Es interesante lo que Lechler dice:

"La traducción de Wycliffe marca una época en el desarrollo de la lengua inglesa comparable a la que marcó la traducción de la Biblia que Lutero hizo al alemán."

Difusión de la Biblia de Wycliffe


La obra estaba terminada (1382). Sin embargo, en aquellos tiempos había otra dificultad añadida: publicarla. Entonces no había imprentas que multiplicaran por miles las copias, ni casas editoras que las difundieran; eso era algo que el mismo autor de la obra tenía que hacer. Lo más corriente era depositar una copia en algún convento o en la biblioteca de alguna universidad con la esperanza de que cayera en manos interesadas. Otra forma era ponerse en algún cruce de caminos o en un lugar concurrido para leer en voz alta tratando de atraer la atención de los congregados. Pero Wycliffe no tuvo que recurrir a ninguno de estos métodos: el interés por el hombre y su obra estaba bien afianzado en la mente de muchos, de tal manera que las copias no bastaban a suplir la demanda. En poco tiempo la Biblia de Wycliffe se esparce por toda Inglaterra: algunos quieren una copia para sí mismos, otros quieren porciones de la misma; hay familias que comparten una sola copia.

Un predicador incansable

Cuando la jerarquía católico romana se da cuenta de lo que Wycliffe ha hecho se llena de consternación. Pensaban que cuando Wycliffe muriera, con él moriría su movimiento; ahora saben que hay en escena algo mayor que Wycliffe mismo. Que cuando la voz del reformador se haya callado para siempre, hay un predicador que ha venido para llenar su lugar. Un predicador que no puede ser atado a la pira y quemado. Un predicador que, cuando el prelado y el abad duermen, sigue cumpliendo su misión: entrar en las casas y ganar los corazones.

Problemas

Todo esto engendraba una nueva pregunta: ¿Tiene la gente derecho a leer la Biblia? Esta pregunta era nueva en Inglaterra por la sencilla razón de que hasta entonces no había ninguna Biblia que leer. Y por esa misma razón no había ninguna ley que prohibiera el uso de la Biblia por el pueblo. Durante dos siglos, en el sur de Europa, había existido una traducción al romance, pero la Iglesia de Roma había prohibido su uso. Ahora la traducción de Wycliffe era la primera traducción de la Biblia a una lengua moderna y aunque finalmente cayó bajo el anatema de la Iglesia, tuvo tiempo de esparcirse antes de que la jerarquía dictaminara su prohibición. Pero aunque no hubo un anatema legal inmediato, sí lo hubo moral porque el Conde de Leicester, Henry de Knighton, emitió un comunicado de denuncia:

"Cristo entregó su evangelio a los clérigos y doctores de la Iglesia, para que ellos lo administren a los laicos y a las personas débiles, de acuerdo al estado de los tiempos y las necesidades de los hombres. Pero este maestro, John Wycliffe, lo ha traducido del latín al inglés poniéndolo al alcance de laicos y de mujeres que saben leer, habiendo estado siempre destinado a los clérigos eruditos y a los que tienen gran entendimiento. De esta manera la perla del evangelio es echada fuera y pisoteada por los puercos y lo que antes era precioso para clérigos y laicos, ahora es tenido como mofa por todos."

En resumen, un gran clamor se levantó contra Wycliffe por toda la nación: era un hereje, un sacrílego que había cometido un crimen desconocido hasta entonces. Había entrado en el templo y robado los vasos sagrados. Había quemado la casa de Dios. Estos eran los términos en los que se describía lo que Wycliffe había hecho.

¿Quién es hereje?

Wycliffe tuvo que enfrentar solo esta batalla. Nadie estuvo a su lado. Era un anticipo de lo que le sucedería después a los reformadores: los más grandes, y Wycliffe era uno de ellos, tendrían que enfrentar momentos de total soledad, refugiándose en los brazos del Omnipotente. En medio de la tormenta Wycliffe se quedó solo, pero estaba tranquilo. Incluso tenía presencia de ánimo para contestar a sus enemigos:

"Vosotros decís que es herejía traducir la Sagrada Escritura al inglés y me llamáis hereje porque he traducido la Biblia a la lengua materna del pueblo. ¿Sabéis a quién estáis blasfemando? ¿No dio al principio el Espíritu Santo la Palabra de Dios en la lengua materna a las naciones a las que la envió? ¿Por qué habláis contra el Espíritu Santo? Vosotros decís que la Iglesia de Dios está en peligro con este libro. ¿Cómo puede ser eso así? ¿No es en la Biblia dónde aprendemos que Dios ha establecido una sociedad en la tierra que se llama Iglesia? ¿No es en la Biblia dónde conocemos quién es el constructor y soberano de esa Iglesia y cuáles son sus leyes por las cuáles se gobierna y los derechos y privilegios de sus miembros? Fuera de la Biblia ¿qué autoridad tiene la Iglesia para demostrar todo eso? Sois vosotros quienes ponéis la Iglesia en peligro al esconder la garantía divina, la misiva real de su Rey, que le da la autoridad que tiene y la fe que disfruta."

Muerte de Wycliffe

Que Wycliffe no muriera en una mazmorra ni en la pira, sino en su cama, es algo digno de asombro. Él mismo esperaba su muerte de forma violenta día tras día. El primado, el rey y el papa buscaban su vida; unos pocos meses o años tal vez y todo acabaría de forma súbita. El hombre que se había atrevido a desafiar todo un sistema de jerarquía se sabía sentenciado; solamente era cuestión de tiempo. Sin embargo, varios factores trabajaron en su favor: los problemas políticos de Inglaterra y la rivalidad de los dos papas colaboraron en proteger y prolongar la vida del reformador. El último domingo del año 1384 Wycliffe iba a administrar la Eucaristía a su congregación de Lutterworth; mientras estaba en el acto de la consagración sufrió una parálisis y cayó al suelo. Lo llevaron a su cama y el último día del año murió.

Condenación de Wycliffe

En 1428 su cadáver fue exhumado y sus huesos quemados y arrojadas las cenizas al río Támesis cumpliéndose así la sentencia del Concilio de Constanza que lo declaró hereje.

La estrella matutina de la Reforma

Debido a su énfasis en la autoridad de la Biblia, su deseo de que ésta estuviera al alcance del pueblo y su oposición al papado, a la invocación de los santos, a la doctrina del purgatorio y a la concepción de la Iglesia como una institución con fuerza política se le ha llamado a Wycliffe "la estrella matutina de la Reforma".

(PROEL)

Jonathan
31-jul-2003, 05:46
Juan Wyclif
Juan Wyclif, también conocido como "el Lucero del Alba de la Reforma", nace cerca de Richmond en el condado inglés de Yorkshire, alrededor de 1325, en la misma época que Geert Grote. Poco se sabe sobre su infancia.
A partir de 1345 empieza sus estudios en Oxford, y se queda allí durante 17 años. Se entrega profundamente a la teología y la filosofía, interrumpe sus estudios por varias razones, pero se gradúa finalmente en 1372 como doctor. Pero todo esto son detalles exteriores. Los tratados y disertaciones legados de aquel tiempo a la posteridad muestran un teólogo muy culto que - a diferencia de la teología académica dominante - recurre a los discernimientos más antiguos de Agustino y los presenta en forma sofisticada. Ya en los años antes de su graduación, Wyclif tenía la tarea de interpretar la Biblia para los estudiantes. De ahí se determina su futuro camino: la Biblia cobra cada vez más importancia. Ella es - como reconoce - incomparable con cualquier otra escritura, ella es para él "el espejo en el cual podemos reconocer las verdades eternas" (citado de G.A. Benrath). En el transcurso del tiempo, Wyclif se acerca cada vez más a opiniones que corresponden al punto de vista reformado sobre el rol y la importancia de la Biblia. Es él quien motiva en el año 1382 una traducción de la Biblia al inglés. Para Wyclif, la Biblia asume el rol de los sacramentos que, según la doctrina católicorromana, transmiten la presencia de Cristo: su lectura transforma al hombre. Tiene este poder porque, según Wyclif, Cristo mismo es el aval de la verdad bíblica; es porque cumplió la ley tanto en su vida como en sus enseñanzas. Es Cristo quien dio los mandamientos y los
cumplió, y es tarea de la iglesia y de todos los cristianos seguir su ejemplo. Wyclif remarca especialmente la
pobreza de Jesús, su humildad y su pacienca en el sufrimiento.
La iglesia de la época, sin embargo, no corresponde a esta norma; se había tornado demasiado laica, demasiado satisfecha. ¿Por qué? Según Wyclif es porque no toma en serio la Biblia. Su propuesta terapéutica: expropiar la iglesia, y hacerlo con las medidas del poder secular. Wyclif quiere cambiar el sistema existente, y es por eso que predica la lucha contra el patrimonio del clero. Pero también se hace oír con escritos teóricos: Ahí Wyclif toma posición contra el celibato forzado de los curas, el comercio de indulgencias, la extremaunción, la misa de difuntos y también contra la veneración de los santos. Todo eso,
dice Wyclif, no está prescrito en la Biblia. La reacción no se deja esperar: Wyclif es denunciado en Roma por el "clero secular" (o sea, los clérigos que no viven en monasterios), y condenado en 1377. Pero simultáneamente, Wyclif es protegido por el Estado inglés. Insiste cada vez con más fuerza en el derecho de los laicos y del Estado a enderezar una iglesia que no actúa según el Evangelio. Al Papa sólo se debe obediencia si éste ha optado por el buen camino: si vive en pobreza y anuncia la ley de Cristo. Hay que obedecer, sin embargo, al Estado que fue instaurado por Dios para gobernar al pueblo y velar por la paz.
Wyclif también critica la tradicional comprensión catolicorromana de la eucaristía: Según él, ningún pastor tiene el poder de transubstanciar los elementos de pan y vino en cuerpo y sangre de Cristo: vino es vino, y pan es pan. Es más, los elementos se conservan y son, al mismo tiempo, cuerpo y sangre de Cristo. Pero su efecto sólo se realiza si quienes los reparten y quienes los reciben tienen la actitud correcta, o sea: sólo si verdaderamente viven siguiendo a Cristo.
La crítica frente a Juan Wyclif aumenta. Su doctrina sobre la Santa Cena es declarada herejía. Pero Wyclif no cede. Fracasa un intento del duque que recomienda a Wyclif guardar silencio, lo que causa roces entre éste y las autoridades. Wyclif incluye al monacato en sus críticas, alegando que no es compatible con la Biblia. El conflicto culmina en 1382; las enseñanzas de Wyclif respecto a la Santa Cena, los bienes de la iglesia y el monacato son rechazadas. Los discípulos de Wyclif se ven metidos en problemas, mientras que el maestro mismo, quien se había retirado para hacerse cargo de una parroquia, no es tocado. Sin embargo, Wyclif se vuelve cada vez más agudo y amargado. Niega que la iglesia existente sea iglesia. Según Wyclif, la verdadera iglesia la forman los creyentes pobres que siguen a Cristo. Las cruzadas sólo comprobarían la actitud anticristiana de los obispos y órdenes. Juan Wyclif muere el 31 de diciembre de 1384 después de
sufrir dos derrames cerebrales.
Wyclif es un vehemente crítico de la iglesia de su época. Le reprocha su secularización y exige reformas profundas que son inaceptables para la mayoría de sus contemporáneos. Su crítica de la iglesia existente y su valorización de la Biblia ya son los mensajes de la Reforma. En última consecuencia, la iglesia sólo puede ser salvada por el arrepentimiento de los fieles y de ella misma, y el seguimiento a Jesucristo en pobreza, humildad y sufrimiento. Wyclif toma muy en serio estas exigencias: para él, son un camino posible que exige, sin embargo, un cambio claro en la constitución, la doctrina y los bienes de la iglesia.
Esto hubiera significado darle una cara completamente distinta. En 1415, el Concilio de Constanza condena las enseñanzas de Juan Wyclif como heréticas. En Inglaterra se cumple esta condena cuando se quemó sus restos mortales. Aunque la mayor parte del complejo programa de reformas que postuló Wyclif fue olvidada en los años posteriores, muchas iniciativas suyas sobrevivieron; por ejemplo la prédica sencilla de los llamados "Lolardos", predicadores que Wyclif había comenzado a enviar en sus últimos años y que más tarde influyeron la Reforma inglesa. Pero también más allá de las fronteras, Wyclif inspiró a los hombres, por ejemplo a Juan Hus en Bohemia.
Juan Wyclif - ¿un reformador anticipado? Sí y no. Sí en lo que se refiere a su crítica a la iglesia medieval, sí en lo que significa una perspectiva reformada en muchos detalles de sus programas de reforma, sí por su valorización de la Biblia. Pero también existe un no. La justificación luterana por ejemplo, la idea de que Dios salva a los hombres a través de Jesucristo - esta dimensión no se percibe en Wyclif. Lo que le falta es - desde el punto de vista reformado - la posibilidad de relativizar el poder humano. Juan Wyclif fue un reformador de la iglesia en el cual la Reforma pudo basarse y seguir desarrollando sus ideas.
Juan Wyclif, Sobre las verdades de la Biblia
(escrito en 1378)
"Para que entonces la cristianidad tenga un fundamento autónomo, Dios puso la ley de la Escritura como reglamento, en que los cristianos deben basarse en todo lo que se refiere a su hablar y al significado de sus conceptos (...). A pesar de que algunos profesores opinan que en tiempos del Anticristo y sus seguidores los cristianos idearían muchas maneras para enfrentar sus intrigas, a mí me parece que la fe en la Biblia es el mejor medio para discernir si un hombre enseña y vive en armonía con la ley de Cristo
(...).
Si el amor por la ley corresponde al amor por el legislador, ¿cómo entonces un hombre puede amar a Cristo por sobre todas las cosas, si desprecia su ley o la abandona para seguir la ley de los hombres?¿Acaso no ama más el fruto de la ley que más adora, y por consecuencia, ama más los bienes efímeros que los eternos? Es exactamente lo mismo con el estudio que el hombre dedica a agrandar su conocimiento, porque éste significaría más amor por Dios si estuviera dirigido a la ley de Cristo, y por ende, un bien mayor. Y lo mismo se puede decir de los que multiplican las leyes de los hombres, con lo cual hacen pedazos el estudio de la teología. ¿Acaso la ley de Cristo, como es legada a la posteridad en la Biblia, no es suficiente? (...) ¿Acaso hay que creer que aquéllos que estudian las leyes ajenas bajo el pretexto de conocer mejor la ley de Cristo, conservarla y protegerla, tendrán una disculpa creíble ante el tribunal del máximo juez? ¿Acaso no son sus propias acciones las que los denuncian? Deberían primero examinarse a sí mismos si entienden tanto de la ley de Cristo como deberían, siempre que se esfuercen por el conocimiento práctico de los mandamientos del Señor en la misma medida que conocen los reglamentos de los hombres. Deberían examinar, segundo, si el objetivo de sus estudios es llevar la vida pobre y esforzada de Cristo, o vivir en el goce y la pompa del mundo y quedarse con los ingresos y ganancias para sí y sus familias. Deberían examinar, tercero, si se esfuerzan para la realización y defensa de la ley de Cristo, que es la que siempre los guía, ¡en la misma medida con la que defienden su propia ley! Al contrario, ¿no es muy evidente en la política que los juristas se pelean sobre la superioridad y el rango superior de su ley por encima de la ley de Cristo, y por ende, persiguen con más severidad a los que fomentan la ley de Cristo? Y si uno les pregunta por los diez mandamientos, ¡generalmente no saben el número ni el orden de ellos! De esto se deduce que los culpables son especialmente nuestros teólogos, nuestros monjes adinerados y nuestras curas juristas, que cierran el camino a la ley de Cristo."
(Traducción: P. Albütz / L. Ludwig, Santiago de Chile 10/2001, según una edición alemana del año 1967)

© 2002 by reformed online
Johannes a Lasco Bibliothek
Kirchstr. 22
26721 Emden / Germany
Tel: ++49 4921-91500 Fax: ++49 4921-915050
Email: lasco@jalb.de
http://www.reformiert-online.net