Saraí
06-jun-2002, 14:25
Hijos obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.
Colosenses 3:20-21.
Ya en la Biblia se anuncia el relajamiento moral, particularmente en el ambiente familiar. Por lo general, la niñez está caracterizada por una tendencia a desobedecer a sus padres (2Timoteo 3:2). Es triste comprobar que aún en las familias cristianas ese espíritu de insumisión se propaga cada vez más.
Se dice que cuando los padres no dominan a sus hijos, son los hijos quienes dominan a los padres. Si a los niños no se les impone la obediencia en su tierna edad, más se presentarán problemas considerables. No dejemos, pues, que en nuestros hijos se desarrollen costumbres cuyas raíces no podremos extirpar cuando hayan crecido.
Pero, al mismo tiempo, guardémonos de estar injustos. Al reconocernos en nuestros hijos, tenemos propensión a querer castigarlos por los defectos que no hemos logrado corregir en nosotros mismos. También tengamos en cuenta su edad y su falta de experiencia. El apóstol Pablo escribió a los colosenses: "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten". Los padres necesitan recordar la debilidad de los jóvenes y no poner más carga sobre ellos que la que puedan llevar. Nosotros mismos permanezcamos en la escuela de Dios para discernir cómo debemos ejercer la disciplina, usando la firmeza al mismo tiempo que la gracia y la paciencia.
Los hijos que han aprendido la obediencia desde temprana edad, cuando sean mayores no cuestionarán el respeto debido a los padres. Y también sabrán obedecer al Señor.
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Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.
Colosenses 3:20-21.
Ya en la Biblia se anuncia el relajamiento moral, particularmente en el ambiente familiar. Por lo general, la niñez está caracterizada por una tendencia a desobedecer a sus padres (2Timoteo 3:2). Es triste comprobar que aún en las familias cristianas ese espíritu de insumisión se propaga cada vez más.
Se dice que cuando los padres no dominan a sus hijos, son los hijos quienes dominan a los padres. Si a los niños no se les impone la obediencia en su tierna edad, más se presentarán problemas considerables. No dejemos, pues, que en nuestros hijos se desarrollen costumbres cuyas raíces no podremos extirpar cuando hayan crecido.
Pero, al mismo tiempo, guardémonos de estar injustos. Al reconocernos en nuestros hijos, tenemos propensión a querer castigarlos por los defectos que no hemos logrado corregir en nosotros mismos. También tengamos en cuenta su edad y su falta de experiencia. El apóstol Pablo escribió a los colosenses: "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten". Los padres necesitan recordar la debilidad de los jóvenes y no poner más carga sobre ellos que la que puedan llevar. Nosotros mismos permanezcamos en la escuela de Dios para discernir cómo debemos ejercer la disciplina, usando la firmeza al mismo tiempo que la gracia y la paciencia.
Los hijos que han aprendido la obediencia desde temprana edad, cuando sean mayores no cuestionarán el respeto debido a los padres. Y también sabrán obedecer al Señor.
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