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Caminante17
02-jun-2002, 04:35
<img src="http://www.foroekklesia.com/fotosnoticias/colombia.gif" width=100 heigth=63 align=left><B>Quisiera escuchar sus opiniones al respecto.

¿La violencia que vivimos en Colombia tendrá algo que ver con esta idolatría?</B>

<i>EL ESPECTADOR - Domingo 2 de junio de 2002</i>

Somos el país del Sagrado Corazón.

Cuando finalizaba la Guerra de los Mil Días, se consagró Colombia al Sagrado Corazón. Hay quienes piensan que la historia se repite y que se debe renovar esta tradición.

<div align=center><b>El país del Sagrado Corazón</b>
<i>Elizabeth Hernández</i> </div>

Los Mendoza se rehusaron a poner espejos, flautas de bambú, cristales de colores, campanas de viento y cuanto objeto utiliza el arte del Feng Shui para conseguir la armonía del hogar tal y como lo hacen algunas parejas modernas. María Teresa y Luis Eduardo prefirieron hacerle un trono al Sagrado Corazón de Jesús no sólo en la entrada de su casa, sino también en lo más profundo de su alma para lograr la unión familiar.

Allí, en un pequeño cuarto pintado de azul, está un estandarte con la imagen de un Cristo que muestra su corazón espinado y que, según sus cálculos, tiene por lo menos 80 años. No es un cuadro de adorno, sino el símbolo de que los Mendoza están consagrados al Sagrado Corazón de Jesús porque, como explica María Teresa, “cuando alguien se consagra a Dios, Él lo recibe y no lo suelta, uno le pertenece. Con ello no quiere decir que se tendrá dinero, casa, carro, becas, sonrisas para toda la vida. Es darle la mano al más grande que es el Padre Celestial. Eso no significa que no vayamos a sufrir, pero sí garantiza que no perderemos la paz del corazón”.

Frente a esa imagen, la familia se reúne todas las noches a las nueve para rezar el rosario y pedir por el país del Sagrado Corazón de Jesús en donde, en los últimos años, han muerto más de 30 mil colombianos anualmente, alrededor de dos millones de personas han sido desplazadas por la violencia y donde el Gobierno debe invertir cada año nueve billones de pesos en el sostenimiento de la guerra.

En el país del Sagrado Corazón de Jesús, la costumbre de entronizar o hacerle un trono a esta imagen como lo hicieron los Mendoza no ha desaparecido.

Cuenta la historia que hace 100 años, cuando Colombia atravesaba por una guerra fratricida, la de los Mil días, en la que habían muerto cerca de 130 mil colombianos, cuando el país tenía apenas cuatro millones de habitantes, el entonces arzobispo de Bogotá, monseñor Bernardo Herrera Restrepo le sugirió al vicepresidente, encargado del mando, José Manuel Marroquín que consagrara la República al Sagrado Corazón de Jesús para obtener la anhelada paz.

El mandatario aceptó la propuesta y el 22 de junio de 1902 se Consagró la República de Colombia al Sagrado Corazón y se puso la primera piedra para el templo del Voto Nacional. Los efectos de la fe se vieron cinco meses después, pues se firmó el Tratado de Wisconsin, que puso final a ese conflicto entre liberales y conservadores.

Pero ¿de qué sirvió la consagración en esa época? El arzobispo de Bogotá, cardenal Pedro Rubiano dice que ésta “tenía como efecto precisamente que los colombianos después de una guerra civil de confrontación terrible y de tanta muerte se volvieran a reconocer como hermanos, a sentirse todos, sin ninguna distinción de color político o ideología, como hijos de Dios”.

Consagrados

Han pasado 100 años y la historia parece repetirse. “Uno se podría preguntar si las circunstancias actuales no son iguales o peores. Yo mantengo muy viva la esperanza, vamos a celebrar este centenario, creo que en un ambiente más tranquilo, después de las elecciones presidenciales al quedar elegido presidente después de la primera vuelta Álvaro Uribe Vélez y recordando sus palabras iniciales que fueron de serenidad, de convocación, de un llamado muy claro a todos los colombianos a aunar esfuerzos, precisamente, para la reconstrucción de este país. Pongo mi confianza en el Señor, le pido a Dios, en ese gran signo que es el Corazón de Jesús. Hay un corazón que te está buscando, que está buscando a quienes al margen de la ley le han hecho tanto daño a los colombianos y a Colombia. Que recapaciten, ellos también son hijos de Dios y al tender una mano erguida, generosa, pero firme, el presidente electo nos está convocando para dejar esa historia de muerte”, comenta el cardenal Rubiano.

El hecho de que haya desaparecido de la Constitución la renovación oficial de la Consagración de la República al Sagrado Corazón de Jesús inquieta a más de uno, pero monseñor Rubiano aclara: la Consagración no tiene que ser un acto ritual y formal sino una expresión de la convicción de fe que cada uno tiene.

“De nada le ha servido ni le serviría a Colombia hacer la consagración de boca”, dice el padre Leoncio Morales, misionero claretiano y párroco de la iglesia del Voto Nacional. Lo importante, según él, es “llevar la consagración a la propia vida, a la conducta y a las costumbres de cada uno de los colombianos. Por eso, celebrar el centenario no debe ser algo pasajero, superficial y sentimental, sino un punto de partida para reconocer que hemos fallado de muchas maneras frente a nuestros hermanos y ante la paz y la justicia”.

Un sólo corazón

A comienzos del siglo pasado tuvo tanta trascendencia este episodio de la consagración que las familias entronizaban el Sagrado Corazón en sus casas. Hacían altares, que eran bendecidos por un sacerdote. “En el colegio hacíamos la devoción de ir a misa los primeros viernes de cada mes y antes de la celebración de la fiesta realizábamos novenas y procesiones”, cuenta Jaime Gómez, pensionado de 64 años, quien dice haber recibido innumerables favores del Sagrado Corazón de Jesús.

El más importante de todos, según él, es haberle salvado la vida a su esposa que durante su embarazo padeció de tumores que amenazaban no sólo su vida sino la de su bebé. Don Jaime le prometió al Sagrado Corazón que le consagraría su hija si evitaba la muerte de las dos. Un dos de marzo, primer viernes de mes, nació la niña y desde entonces cree en sus milagros.

Las nuevas generaciones también mantienen su fe. Rocío Fernández tiene 33 años, es comunicadora social y desde hace cuatro años se consagró al Sagrado Corazón. Tiene en su casa un altar privado, practica la devoción de ofrecer la misa los primeros viernes de cada mes, se confiesa y comulga, “en desagravio a tanto pecado que hay en la humanidad”.

Y a pesar de que en la Constitución desapareció oficialmente la renovación de la consagración, muchas familias siguen pensando que le hace falta continuar con esta tradición de fe en un país, cuyo 90% de la población dice profesar la religión católica.

De hecho, la Iglesia ha tomado la iniciativa motivar para que se haga una renovación de esa consagración pero en los hogares, de carácter personal. “Si la mayoría de los colombianos con profunda fe y esperanza le piden al Señor su paz, nos comprometemos todos a colaborar en la construcción de la paz, pues Él nos bendecirá, nos dará su luz y fortaleza”, dice monseñor Rubiano.

“Dios nos cumplió porque después de la consagración en 70 años no hubo guerras entre hermanos, aunque sí había conflictos como suelen presentarse en toda Nación. Indudablemente, después nos apartamos del Señor, hubo un alejamiento individual que nos hizo romper la promesa con Él”, comenta Luis Eduardo Mendoza, un ex coronel retirado del Ejército, quien dice ser un soldado de Dios que reza conscientemente por la gente que optó por la violencia.

Lo que piensa María Teresa de Mendoza, su esposa, es que en los últimos años los colombianos habían dejado de sentir la consagración como propia: “Ni nos iba ni nos venía. Pero hay un clamor que sale de cada pecho. La gente dice ahora que esto no lo arregla nadie sino Dios”.

Una alizanza centenaria

La iniciativa de la edificación de la iglesia del Voto Nacional y la Consagración de la República al Sagrado Corazón de Jesús comenzó en un sitio conocido como la Huerta de Jaime, un lugar donde en tiempos de la independencia fueron fusilados algunos colombianos que luchaban por la libertad. Allí, en el costado occidental de la que en la actualidad es conocida como la Plaza de los Mártires, se inició la construcción de la iglesia.

El 22 de junio de 1902, el arzobispo de Bogotá, el vicepresidente, encargado del mando, José Manuel Marroquín y el pueblo colombiano consagraron la República al Sagrado Corazón.

Para celebrar el centenario, la Arquidiócesis de Bogotá realizará durante esta semana una serie de actividades.

Junio 3: encuentro de familias en el Colegio San Bartolomé La Merced, alas 8:00 a.m.

Junio 4: Jornada juvenil. Parque Simón Bolívar. 8:00 a.m.

Junio 6: Marcha de antorchas. Desde la Plaza de Toros de Santa María hasta la Plaza de Bolívar. Desde la parroquia del Voto Nacional a la Plaza de Bolívar. 5:30 p.m.

Junio 7: Festividad del Sagrado Corazón: Eucaristía en la Catedral. 12:00 m.

Junio 9: Acto central con misa solemne en la Plaza de Bolívar a las 3:00 p.m.

SolaFide
02-jun-2002, 23:49
Hola Marcial, yo creo que SI tiene que ver y mucho.

En mi país, hay mucha idolatría a la "virgen de Luján", se hacen procesiones, hay esculturas en TODAS las plazas y parques de ella, etc.

En todos (TODOS) los colectivos de transporte público, hay una imagen de la "virgen de Luján" calcomanía, generalmente en el vidrio delantero o trasero del micro, o en la puerta. En los halls del subte también... se supone que deberían ser sitios para todos los ciudadanos!!

Además, está el culto a "San Cayetano", a quien suelen acudir para pedir trabajo (porque al parecer lo llaman el "patrono" de los trabajadores). Hay un templo dedicado a ese "santo", en la zona oeste de la ciudad de Buenos Aires, y allí se forman colas de gente que van a pedir trabajo a ese "santo".

Mi país tiene un índice altísimo de desocupación, así que, ya ves, ese culto anticristiano no les da resultado...

Dios te bendiga