Ver versión completa : DISCIPLINA... ES MEJOR PREVENIR QUE LAMENTAR.
Caminante17
27-mar-2002, 21:17
Hay personas que viven vidas ejemplares por muy largos períodos de tiempo, hasta cuando llega el momento en que caen por primera vez en las garras del pecado y cometen un crimen, debido a que se ven enfrentados a circunstancias de enfermedad, ruina económica, necesidades secundarias a ver sufrir a un hijo, esposo(a), que no pueden superar y ahora en manos de la justicia son enviados a una cárcel donde su vida, en un ambiente sórdido y salvaje, que jamás conocieron, es destruida para siempre.
Cabría preguntarnos ¿por qué les suceden estas cosas?
¿Será tal vez porque sus fundamentos, sus bases, no fueron lo suficientemente fuertes para soportar los embates de las tempestades de la vida y del mundo?
<<En cierta ocasión, meditando en una noticia televisada según la cual un nadador connotado y ejemplar, enfrentaba una posible pena de muchos años de cárcel, porque había sido capturado transportando varios kilos de heroína hacia el exterior, debido a que su condición económica y la de su familia eran tan precarias, y el estado colombiano nunca quiso ayudarlo.
De tal modo que él aceptó la propuesta de un narcotraficante para transportar droga hacia el exterior y así salir de la situación tan difícil en la cual se encontraba.
Y yo me preguntaba, con angustia, por la suerte del muchacho. ¿Qué era lo que había pasado con este deportista, dónde había estado la falla?
Y terminaba respondiéndome que el problema debió haber estado en su formación>>.
Si bien el señor Jesús dice que Él “vino a salvar lo que se había perdido”, también es cierto que “Él no quiere que nadie se pierda, sino que todos sean salvos”.
Y definitivamente es mejor prevenir que lamentar. Es mejor la prevención y evitar la enfermedad, que curar aquella enfermedad que al fin y al cabo siempre dejará una secuela, una consecuencia.
Por eso es tan importante fundamentarse en la ley de Dios, en su Palabra, cuando aún es tiempo. Dice el Señor: (Isaías 55.6-7: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. 7Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”).
Y no debemos olvidar sus enseñanzas, sus preceptos y mandamientos (proverbios 3).
Así, de esa manera, cuando las tentaciones vengan, podremos recordar aquella enseñanza de Jesús de los dos cimientos que encontramos en Lucas 6:46-49. La casa bien o mal fundada y que dice así:
46“¿Por qué me llaman ustedes, ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que les digo? 47Voy a decirles a quién se parece el que viene a mí y me oye y hace lo que digo: 48se parece a un hombre que para construir una casa cavó primero bien hondo, y puso la base sobre la roca. Cuando creció el río, el agua dio con fuerza contra la casa, pero ni moverla pudo, porque estaba bien construida. 49Pero el que me oye y no hace lo que digo, se parece a un hombre que construyó su casa sobre la tierra y sin cimientos; y cuando el río creció y dio con fuerza contra ella, se derrumbó y quedó completamente destruida.”
El Diccionario Vox de la Enciclopedia define la disciplina como “Conjunto de reglas de enseñanza impuestas por un maestro a sus discípulos, para mantener el orden y la subordinación”.
Sin embargo, hay muchos que consideran la disciplina como un castigo. Pero, disciplinar a un niño no significa castigarlo por salirse de la línea, sino enseñarle el camino que debe transitar. Vemos, pues, que la palabra “disciplina” se relaciona con el vocablo “discípulo”.
De este modo, cuando los padres disciplinan al niño, lo están entrenando en realidad para que sea un discípulo, o que aprenda de usted (su padre) que es su maestro.
Continuará....
hhmmss1
27-mar-2002, 22:21
Muy interesante:
Sólo un apunte.
Como preguntas, esto puede deberse a que los valores en los que se basan no tienen un fundamento tal y como pasó con los griegos y romanos.
Eran pueblos cultos que a pesar de todo tenían un sistema religioso débil ya que sus dioses eran apenas superhombres, pero no eran todopoderosos como nuestro Dios.
De manera que cuando eran afectados por algún problema, no había un Ser que pudiera suplir TODAS sus necesidades.
Espero que sigas desarrollando el tema.
Dios te bendiga.
Caminante17
28-mar-2002, 18:20
En este proceso de la paternidad, la mayoría de los padres reconocen que deben limitar las actividades del niño y enseñarle a controlar su comportamiento.
Ellos piensan que si no comienzan temprano, el niño se encaminará por una senda que lo llevará a convertirse en un pequeño tirano.
En este punto, muchos padres cometen un error común.
Cuando comienzan el proceso de la disciplina, califican al niño como “malo”, cuando en realidad no es malo en absoluto.
Por ejemplo, una madre que sufre de un intenso dolor de cabeza le puede decir a su hijo que es un “muchacho malo” por cerrar la puerta con violencia; cuando en realidad, no fue más que la vivacidad infantil lo que causó el portazo.
Los padres y los maestros a menudo califican a un niño como desvergonzado o malo por acciones que hubieran causado un problema a los adultos; pero esto no significa que el niño sea malo.
Al referirse constantemente al comportamiento negativo, corren el riesgo de hacer que el niño se identifique con sus malas acciones y que de esta manera adquiera sentimientos negativos acerca de sí mismo.
El enojo de los padres, la irritación, la impaciencia y la ira cuando aplican la disciplina, refuerzan la idea del niño de que lo castigan porque no lo quieren.
Por eso no es conveniente castigar a un niño cuando se tiene ira. No en vano dice la Biblia en Efesios 4:26 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.”
Los padres se enojan como resultado del comportamiento inapropiado del niño, se resienten por el trabajo adicional que causa la corrección, y por el elevado costo emocional que implica la paternidad.
De tal modo que el niño percibe que él es una carga en vez de ser una bendición.
El enojo de los padres, a menudo obliga al niño a buscar compensación para sus sentimientos de una baja estimación de sí mismo, por lo que recurre a una actitud desafiante para establecer su propia identidad.
Si el niño se siente respetado cuando sus padres lo corrigen, no perderá el respeto de sí mismo aunque haya cometido una falta muy grave.
Se sentirá mal a causa de su error, pero sabrá que podrá superar el problema. En cambio, cuando el niño no es respetado durante la corrección, tenderá a desesperarse, y no sólo aprenderá a temer el castigo, sino que también se sentirá indigno y malvado.
Es menester exolicar al niño por qué se le está castigando, así como las implicaciones de su falta como las del castigo.
La disciplina no debe destruirle nunca el respeto de sí mismo. Sin embargo, eso puede suceder con rapidez y facilidad, especialmente cuando un mal comportamiento toma por sorpresa a los padres, o bien cuando los avergüenza.
Consideremos, por ejemplo, el caso de una madre que sorprende a su hijo pegándole a otro niño. Lo agarra bruscamente, y le lanza una andanada de reproches: “¡Muchacho malvado! ¡Tú sabes perfectamente que no debes golpear a otros niños! ¡Te voy a enseñar a que no le vuelvas a pegar a nadie!” Y entonces procede a darle una buena tunda al niño.
La madre le está recriminando la violencia con la misma violencia, a la vez que lo cataloga como alguien malvado... cuando más bien debiera recriminarle su acción, diciéndole que el hecho de golpear a alguien es malo... pero sin calificarlo a él como alguien malo.
Hay que diferenciair entre el mal comportamiento y el niño.
Recordemos que el Señor aborrece al pecado pero ama al pecador y no busca su condenación, sino su restauración.
Golpear a otros es malo... pero el niño no es malo.
La dignidad personal del niño debe preservarse, mientras que sus malas acciones deben corregirse.
Se le debe señalar exactamente lo que hizo de malo; sin embargo, no se le debe condenar personalmente.
Si usted ataca el respeto que por sí mismo tiene su hijo, debido a su mala conducta, lo más probable es que esto lo impulsará a rebelarse y a concebir ideas de venganza.
Cuanto menos amado se sienta en esas ocasiones, tanto más motivado se sentirá a resistirse a su autoridad paterna... o lo llevará a buscar otros métodos desviados para desquitarse de usted.
En cambio, cuanto más satisfaga la necesidad básica del niño de su respeto propio durante el proceso de la disciplina, tanto menos resistencia mostrará a esa autoridad.
Disciplina no es una palabra indebida.
El objetivo de la disciplina consiste en entrenar al niño para que sepa gobernarse. El objeto primordial de los padres al ejercer la disciplina es el de ayudar al niño para que llegue a ser una persona capaz de controlarse a sí mismo.
La disciplina no debe atacar descuidadamente su dignidad personal, ya que el concepto que tenga de sí mismo determinará en gran medida la extensión del control que ejercerá sobre su propio comportamiento.
Hay una gran diferencia entre decirle al niño que él es malo porque le golpeó a usted... y decirle: “Dar puntapiés es malo, y no lo voy a tolerar”.
Resulta relativamente inofensivo atacar las acciones de otra persona cuando ella puede aprender a realizar los cambios necesarios... Pero es algo desastroso atacarle su dignidad personal, debido a que es imposible que pueda llegar a cambiarse por otra persona.
La Biblia amonesta a los padres diciéndoles:
“Instruye al niño en el buen camino, y aún cuando fuere
viejo no se apartará de él.” (Prov. 22:6).
No se trata de satisfacer hasta los últimos deseos del niño... y a su vez el niño no siempre estará dispuesto a dejarse enseñar.
Puede ser que el niño discuta tercamente todo lo que se le diga, pero recuerde que usted es el maestro y él es el discípulo.
No es él quien decide las reglas, en cambio tiene que cumplirlas, ya sea que esté de acuerdo con ellas o no.
Ahora bien,¿Qué pasa si no quiere obedecer y seguir las normas establecidas? En ese caso usted debe estimularlo para que obedezca.
El desafío y la prueba de la paternidad vienen cuando el padre o la madre se enfrentan con la oposición, la resistencia, la rebelión y muchas otras reacciones similares de parte de sus hijos.
Hay un proverbio que dice: “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; Mas el que escucha la corrección tiene entendimiento.”
Sería bueno que desde un comienzo, ellos fueran aprendiendo el valor de esta aseveración.
¡Bendiciones!
Caminante17
28-mar-2002, 18:21
Gracias HECTOR.
Prosigo...
En este proceso de la paternidad, la mayoría de los padres reconocen que deben limitar las actividades del niño y enseñarle a controlar su comportamiento.
Ellos piensan que si no comienzan temprano, el niño se encaminará por una senda que lo llevará a convertirse en un pequeño tirano.
En este punto, muchos padres cometen un error común.
Cuando comienzan el proceso de la disciplina, califican al niño como “malo”, cuando en realidad no es malo en absoluto.
Por ejemplo, una madre que sufre de un intenso dolor de cabeza le puede decir a su hijo que es un “muchacho malo” por cerrar la puerta con violencia; cuando en realidad, no fue más que la vivacidad infantil lo que causó el portazo.
Los padres y los maestros a menudo califican a un niño como desvergonzado o malo por acciones que hubieran causado un problema a los adultos; pero esto no significa que el niño sea malo.
Al referirse constantemente al comportamiento negativo, corren el riesgo de hacer que el niño se identifique con sus malas acciones y que de esta manera adquiera sentimientos negativos acerca de sí mismo.
El enojo de los padres, la irritación, la impaciencia y la ira cuando aplican la disciplina, refuerzan la idea del niño de que lo castigan porque no lo quieren.
Por eso no es conveniente castigar a un niño cuando se tiene ira. No en vano dice la Biblia en Efesios 4:26 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.”
Los padres se enojan como resultado del comportamiento inapropiado del niño, se resienten por el trabajo adicional que causa la corrección, y por el elevado costo emocional que implica la paternidad.
De tal modo que el niño percibe que él es una carga en vez de ser una bendición.
El enojo de los padres, a menudo obliga al niño a buscar compensación para sus sentimientos de una baja estimación de sí mismo, por lo que recurre a una actitud desafiante para establecer su propia identidad.
Si el niño se siente respetado cuando sus padres lo corrigen, no perderá el respeto de sí mismo aunque haya cometido una falta muy grave.
Se sentirá mal a causa de su error, pero sabrá que podrá superar el problema. En cambio, cuando el niño no es respetado durante la corrección, tenderá a desesperarse, y no sólo aprenderá a temer el castigo, sino que también se sentirá indigno y malvado.
Es menester exolicar al niño por qué se le está castigando, así como las implicaciones de su falta como las del castigo.
La disciplina no debe destruirle nunca el respeto de sí mismo. Sin embargo, eso puede suceder con rapidez y facilidad, especialmente cuando un mal comportamiento toma por sorpresa a los padres, o bien cuando los avergüenza.
Consideremos, por ejemplo, el caso de una madre que sorprende a su hijo pegándole a otro niño. Lo agarra bruscamente, y le lanza una andanada de reproches: “¡Muchacho malvado! ¡Tú sabes perfectamente que no debes golpear a otros niños! ¡Te voy a enseñar a que no le vuelvas a pegar a nadie!” Y entonces procede a darle una buena tunda al niño.
La madre le está recriminando la violencia con la misma violencia, a la vez que lo cataloga como alguien malvado... cuando más bien debiera recriminarle su acción, diciéndole que el hecho de golpear a alguien es malo... pero sin calificarlo a él como alguien malo.
Hay que diferenciair entre el mal comportamiento y el niño.
Recordemos que el Señor aborrece al pecado pero ama al pecador y no busca su condenación, sino su restauración.
Golpear a otros es malo... pero el niño no es malo.
La dignidad personal del niño debe preservarse, mientras que sus malas acciones deben corregirse.
Se le debe señalar exactamente lo que hizo de malo; sin embargo, no se le debe condenar personalmente.
Si usted ataca el respeto que por sí mismo tiene su hijo, debido a su mala conducta, lo más probable es que esto lo impulsará a rebelarse y a concebir ideas de venganza.
Cuanto menos amado se sienta en esas ocasiones, tanto más motivado se sentirá a resistirse a su autoridad paterna... o lo llevará a buscar otros métodos desviados para desquitarse de usted.
En cambio, cuanto más satisfaga la necesidad básica del niño de su respeto propio durante el proceso de la disciplina, tanto menos resistencia mostrará a esa autoridad.
Disciplina no es una palabra indebida.
El objetivo de la disciplina consiste en entrenar al niño para que sepa gobernarse. El objeto primordial de los padres al ejercer la disciplina es el de ayudar al niño para que llegue a ser una persona capaz de controlarse a sí mismo.
La disciplina no debe atacar descuidadamente su dignidad personal, ya que el concepto que tenga de sí mismo determinará en gran medida la extensión del control que ejercerá sobre su propio comportamiento.
Hay una gran diferencia entre decirle al niño que él es malo porque le golpeó a usted... y decirle: “Dar puntapiés es malo, y no lo voy a tolerar”.
Resulta relativamente inofensivo atacar las acciones de otra persona cuando ella puede aprender a realizar los cambios necesarios... Pero es algo desastroso atacarle su dignidad personal, debido a que es imposible que pueda llegar a cambiarse por otra persona.
La Biblia amonesta a los padres diciéndoles:
“Instruye al niño en el buen camino, y aún cuando fuere
viejo no se apartará de él.” (Prov. 22:6).
No se trata de satisfacer hasta los últimos deseos del niño... y a su vez el niño no siempre estará dispuesto a dejarse enseñar.
Puede ser que el niño discuta tercamente todo lo que se le diga, pero recuerde que usted es el maestro y él es el discípulo.
No es él quien decide las reglas, en cambio tiene que cumplirlas, ya sea que esté de acuerdo con ellas o no.
Ahora bien,¿Qué pasa si no quiere obedecer y seguir las normas establecidas? En ese caso usted debe estimularlo para que obedezca.
El desafío y la prueba de la paternidad vienen cuando el padre o la madre se enfrentan con la oposición, la resistencia, la rebelión y muchas otras reacciones similares de parte de sus hijos.
Hay un proverbio que dice: “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; Mas el que escucha la corrección tiene entendimiento.”
Sería bueno que desde un comienzo, ellos fueran aprendiendo el valor de esta aseveración.
¡Bendiciones!
que excelente estudio! Acabo de darme el tiempo de leerlo y es muy edificante e instructivo ...
Pienso de hecho que a los niños debe disciplinarseles desde pequeños ... para que cuando sean viejos no se aparten de Dios ni te avergüencen.
Mi hna tiene un niño, es pequeñito, tiene un año dos meses y ya probó la vara de la corrección ... suave, acorde a su edad, hablandole e instruyendole que su padre y madre le aman, pero por eso mismo deben correjir su comportamiento incorrecto ...
bue ... yo sufro :llorar1: ... porque lo amo, pero es lo mejor para él, para que crezca sano de mente, de espíritu y de cuerpo y sepa que ante todo se debe al Señor en toda su conducta.
bendiciones!
Caminante17
25-abr-2002, 00:45
Originalmente enviado por Auri
que excelente estudio! Acabo de darme el tiempo de leerlo y es muy edificante e instructivo ...
Pienso de hecho que a los niños debe disciplinarseles desde pequeños ... para que cuando sean viejos no se aparten de Dios ni te avergüencen.
Mi hna tiene un niño, es pequeñito, tiene un año dos meses y ya probó la vara de la corrección ... suave, acorde a su edad, hablandole e instruyendole que su padre y madre le aman, pero por eso mismo deben correjir su comportamiento incorrecto ...
bue ... yo sufro :llorar1: ... porque lo amo, pero es lo mejor para él, para que crezca sano de mente, de espíritu y de cuerpo y sepa que ante todo se debe al Señor en toda su conducta.
bendiciones!
¡Gracias Aurita!
La gloria sea para Dios.
Lamentablemente, los foristas, parece que entran muy poco a este rinconcito:(
Voy a aportar un poquito más......
Una pregunta importante sobre disciplina: ¿dónde comenzar?
La disciplina debe comenzar cuando el niño empieza a mostrar su propia voluntad y a escoger su manera de hacer las cosas. Podría considerarse esto una educación inconsciente.
“¿Cuáles son los años más importantes en el desarrollo humano?
Los expertos en el cuidado del niño generalmente están de acuerdo en que, excluyendo el importante período prenatal, el primer año de vida es por lo general el más importante.
Además, el primer mes del primer año es el mes más importante. Y cada mes sucesivo es importante en menor grado que el mes anterior. ¿Por qué? Porque el ser humano madura más rápidamente el primer mes; y luego, con pocas excepciones, el tipo de madurez disminuye gradualmente en los diez a catorce años siguientes.
¿Interesante, verdad?
“¿Qué le sugiere a usted, como padre o madre, esta información?
Significa que su hijo necesita, probablemente, más ahora mismo, en este mismo instante, en el presente, de lo que pueda necesitarlo en el futuro.
Nunca más será tan tierno y sin madurez como lo es hoy.... Nunca más tendrá usted esta oportunidad de proporcionarle un buen comienzo en la vida.
Aún en su infancia, un niño sabe si puede manipular a sus padres o no. Y si puede hacerlo lo realizará.
Si no se le enseña a conformarse dentro de un programa que encaje en la rutina de la familia, cuando tenga seis meses de edad, entonces será él quien entrenará a sus padres para que se ciñan al programa que él quiera imponerles.
¿Qué les parece? ;)
¡BENDICIONES PARA TODOS!
hhmmss1
25-abr-2002, 15:27
¿Por qué en la sociedad actual disciplina es igual a maltrato?
¿Cómo se daría este fenómeno?:confused:
Originalmente enviado por Marcial
¡Gracias Aurita!
La gloria sea para Dios.
Lamentablemente, los foristas, parece que entran muy poco a este rinconcito:(
Voy a aportar un poquito más......
Una pregunta importante sobre disciplina: ¿dónde comenzar?
La disciplina debe comenzar cuando el niño empieza a mostrar su propia voluntad y a escoger su manera de hacer las cosas. Podría considerarse esto una educación inconsciente.
“¿Cuáles son los años más importantes en el desarrollo humano?
Los expertos en el cuidado del niño generalmente están de acuerdo en que, excluyendo el importante período prenatal, el primer año de vida es por lo general el más importante.
Además, el primer mes del primer año es el mes más importante. Y cada mes sucesivo es importante en menor grado que el mes anterior. ¿Por qué? Porque el ser humano madura más rápidamente el primer mes; y luego, con pocas excepciones, el tipo de madurez disminuye gradualmente en los diez a catorce años siguientes.
¿Interesante, verdad?
“¿Qué le sugiere a usted, como padre o madre, esta información?
Significa que su hijo necesita, probablemente, más ahora mismo, en este mismo instante, en el presente, de lo que pueda necesitarlo en el futuro.
Nunca más será tan tierno y sin madurez como lo es hoy.... Nunca más tendrá usted esta oportunidad de proporcionarle un buen comienzo en la vida.
Aún en su infancia, un niño sabe si puede manipular a sus padres o no. Y si puede hacerlo lo realizará.
Si no se le enseña a conformarse dentro de un programa que encaje en la rutina de la familia, cuando tenga seis meses de edad, entonces será él quien entrenará a sus padres para que se ciñan al programa que él quiera imponerles.
¿Qué les parece? ;)
¡BENDICIONES PARA TODOS!
Que el Señor te bendiga, excelente estudio es de gran ayuda,somos unos padres preocupados y comprometidos en la enseñanza de nuestras hijas. Dificil es por la diferencia de edad entre ellas, la mayor tiene 13 años y la pequeña 4 años.
En vista de que el estudio esta enfocado mayoritariamente hacia los niños de muy corta edad, y nuestras hijas son algo mas mayores agradeceriamos desarollases el tema hacia ese campo o nos dieses alguna guia para que nos sirviese de ayuda
Saludos en Cristo
:angel1:
Caminante17
02-jun-2002, 20:43
Gracias ANGEL.
Bueno... vamos a terminar esta etapa, y más adelante con la anuencia de nuestro Dios estudiaremos esa etapa que sugieres.
Continuación...
Recursos que ayudan a tener hijos bien gobernados
1. Gane respeto y manténgalo.
El respeto que un niño mantiene por sus padres está en proporción directa con el respeto que tendrá por las leyes del país, la fuerza policial, las autoridades escolares y la sociedad en general.
El respeto, sin embargo, es una avenida de dos sentidos. Una madre no debe esperar respeto de su hijo si ella no lo respeta a él. No debe avergonzarlo ni menospreciarlo en presencia de sus amigos. Si el padre es sarcástico y criticón con él, no debe esperar que su hijo lo respete. Puede ser que el niño tema a su padre lo suficiente para no mostrar sus verdaderos sentimientos de odio y venganza, pero esos sentimientos brotarán en los años futuros.
Los padres que ganan y mantienen el respeto de sus hijos durante los primeros años serán respetados durante los años de la adolescencia.
Los padres deben darse cuenta que si ellos no son merecedores del respeto, tampoco lo serán su religión, sus normas morales, su país, ni nada de lo que ellos creen.
La “brecha entre las generaciones”, se produce en el sector del respeto mutuo antes que en el sector de las comunicaciones.
Los niños son observadores muy agudos, ¿sabe?. Por eso no es posible esperar que un hijo le conceda a sus padres más respeto que el que ve que ellos le dan a sus propios padres, es decir a los abuelos del niño o incluso a otras personas.
Las lecciones más importantes aprendidas en el hogar no son la lectura, la escritura y la aritmética, como algunos suponen, sino el respeto, la obediencia, la reverencia y el control de sí mismo.
Estos principios deben enseñarse de una manera paciente, cariñosa, amorosa y consistente cada día, para que formen parte del carácter del niño por el resto de su vida.
2. Establezca limites.
Uno de los primeros investigadores en el campo del comportamiento infantil experimentó en este sentido con un grupo de niños en una guardería.
Quería ver si los niños se sentían más libres si se les quitaba la cerca del patio donde jugaban.
Así que le quitó la cerca, pero en vez de sentirse libres, los niños se mantenían juntos en el centro del sitio de juegos, y sentían temor de acercarse a las orillas del patio. Y ninguno de ellos intentó traspasar los límites.
Un hogar feliz tiene siempre algunos límites.
Para mantener relaciones amigables es necesario establecer fronteras bien definidas cuandoquiera que dos vidas se tocan. Su hijo necesita saber lo que usted le permitirá y lo que le prohibirá. Los límites específicos debieran ser tan definidos como sea posible, y deben ser razonables y rígidos.
Los límites deben quitarse o modificarse a medida que crece el niño. Cuando un niño conoce sus límites, no se mete en problemas, a menos que deliberadamente los busque, y mientras se mantiene dentro de sus límites encuentra seguridad y aceptación.
3. Enseñe razonamiento y obediencia.
El blanco primordial de los padres es el de enseñar al niño a controlar su propio comportamiento, a hacer buenas decisiones, a razonar claramente acerca de las posibilidades de elección, a resolver problemas por cuenta propia y a hacer planes para el futuro.
Cuando un hijo entiende las consecuencias de su comportamiento, puede hacer mejores decisiones cuando sus padres no están presentes.
Un niño a quien se le ha enseñado a cumplir las reglas llegará a ser un niño más responsable. Al darle explicaciones, los padres le ayudan a razonar y a entender los resultados de su comportamiento.
Las reglas claras hacen más fácil la vida cotidiana. Proporcionan guías para los padres que están entrenando constantemente a sus hijos.
Por medio de la obediencia a las reglas razonables, el niño aprende a obedecer a sus padres.
Las reglas también ayudan al niño a recordar lo que se espera de él.
Las reglas que se establecen deben ser cortas, fáciles de recordar y firmes y deben expresarse con firmeza.
Probablemente los niños escuchan con demasiada frecuencia “no hagas eso”.
Es mejor experimentar efectuando una corrección en forma positiva.
Por ejemplo, dígale: “Puedes encender la televisión después que termines tu tarea”. En vez de decirle:
“Si no terminas tu tarea no podrás mirar televisión”.
Cada cosa que le pedimos al niño que haga lo debemos hacer en forma positiva.
Las reglas deben especificar también exactamente lo que queremos que se haga, como también las consecuencias si no se respetan.
Y las reglas deben estipularse para que puedan cumplirse con facilidad.
En otras palabras, hay que hablar en forma específica.
Por ejemplo:
”Debes arreglar tu cuarto antes de salir a jugar”.
Cuando las reglas especifican los detalles que deben realizarse, el niño no puede dar excusas por dejar el trabajo hecho a medias.
Además, hay que adaptar las reglas a la edad del niño, a sus habilidades y a las condiciones de la vivienda; es improbable que pueda enseñar a un niño de dos años a que arregle la cama o lave los platos.
Y Finalmente, mantenga un mínimo de reglas.
Un hogar con la mejor disciplina y pocos problemas disciplinarios, es un hogar con un número reducido de reglas sencillas y claras. Deje que el niño desarrolle su vida bajo estas reglas.
Permita que haga sus propias decisiones en muchas cosas.
Pero las pocas reglas que usted ha establecido, aplíquelas de una manera consistente.
La disciplina, pues, no es una mala palabra, como bien decía Héctor, que piensan muchas personas, homologándola al maltrato...no es una forma de tortura; más bien es la mejor
forma de expresar el amor a nuestros hijos.
La Biblia dice en Efesios 6:4 “Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien edúquenlos con la disciplina y la instrucción que quiere el Señor.”
Y recuerde lo que dice el proverbio:
“INSTRUYE AL NIÑO EN SU BUEN CAMINO, Y AUN CUANDO FUERE VIEJO NO SE APARTARÁ DE ÉL”.
¡Bendiciones para todos!
Hermano Marcial que el Señor te bendiga
El estudio y exposicion del tema sigue siendo interesantisima tamto mi esposa como yo lo seguimos atentamentey esperamos con espectacion la siguinte fase como has dicho.
No dejes de avisarnos si lo comienzas en otro sitio o con otro nombre
Sigue con ello es de gran ayuda y edificacion.
Angel
Amigos, un consejo:
Soy padre de tres lindas niñas de 5, 8 y 12 años. Hace poco estamos en la fe cristiana. Siempre hemos querido darle la mejor educación a nuestras hijas y hemos oido el tema de la "vara de la corrección" y nos parece muy interesante, porque de un tiempo acá la disciplina de las dos niñas mayores ha decaído tremendamente: se han vuelto niñas peleoneras, respondonas, berrinchudas y con actitudes la verdad alejadas de los valores que como padres siempre les hemos querido inculcar. Incluso, tenemos miedo de que influencien negativamente a la niña más pequeña.Les ruego su consejo, amerita esta situación que les planteo corregir a nuestras hijas con vara? Me gustaría que me aconsejaran en caso de ser necesario la manera de aplicarla correctamente y no dañar a las nenas
Originalmente enviado por Alfredo
Amigos, un consejo:
Soy padre de tres lindas niñas de 5, 8 y 12 años. Hace poco estamos en la fe cristiana. Siempre hemos querido darle la mejor educación a nuestras hijas y hemos oido el tema de la "vara de la corrección" y nos parece muy interesante, porque de un tiempo acá la disciplina de las dos niñas mayores ha decaído tremendamente: se han vuelto niñas peleoneras, respondonas, berrinchudas y con actitudes la verdad alejadas de los valores que como padres siempre les hemos querido inculcar. Incluso, tenemos miedo de que influencien negativamente a la niña más pequeña.Les ruego su consejo, amerita esta situación que les planteo corregir a nuestras hijas con vara? Me gustaría que me aconsejaran en caso de ser necesario la manera de aplicarla correctamente y no dañar a las nenas
Dios te bendiga alfredo
Como tu soy padre de dos lindas hijas como supongo que ya sabes 13-4 años respectivamente por la experiencia que tengo
debo decir que si bien algo guerrerilla si que se ha vuelto la mayor(cosa logica por la edad) gracias a dios esta bajo control
Secreto no hay ninguno solo paciencia y amor
En mi caso procuro razonar las cosas como bien dice el hermano Marcial sin menospreciar en ningun caso a mi hija.
Si algo hace mal apesar de que le avise intento no decirle el tipico "VES YA TE LO DIJE ERES......" sino que intento hablar razonar con ella el motivo de su fracaso alentandola a mejorar
Siempre hay que estar pendiente (sin obsesionarse) de sus reacciones, estados de animo AMISTADES donde va con quien pero de una manera que no sea opresiva ni tampoco lo contrario
Y por Ultimo busca la ayuda de Dios
Con la ayuda de Dios todo es posible por algo el tiene la mayor experiencia como PADRE pues tiene un monton de hijos e hijas a quien educar y corregir.
Con vara o sin ella(yo Jamas la he usado) usa el amor y el ejemplo.
De todos modos el Hemano Marcial esta mucho mas capacitado para aconsejar que yo y a el te remito
AHHH una cosa mas MARCIAL no te olvides de seguir desarrollando el tema pues es ahora cuando entran en la adolescencia cuando realmente comienzan los problemas y necesitamos consejo
Bendiciones de lo alto :angel1:
hhmmss1
09-jun-2002, 14:52
Originalmente enviado por Alfredo
Amigos, un consejo:
Soy padre de tres lindas niñas de 5, 8 y 12 años. Hace poco estamos en la fe cristiana. Siempre hemos querido darle la mejor educación a nuestras hijas y hemos oido el tema de la "vara de la corrección" y nos parece muy interesante, porque de un tiempo acá la disciplina de las dos niñas mayores ha decaído tremendamente: se han vuelto niñas peleoneras, respondonas, berrinchudas y con actitudes la verdad alejadas de los valores que como padres siempre les hemos querido inculcar. Incluso, tenemos miedo de que influencien negativamente a la niña más pequeña.Les ruego su consejo, amerita esta situación que les planteo corregir a nuestras hijas con vara? Me gustaría que me aconsejaran en caso de ser necesario la manera de aplicarla correctamente y no dañar a las nenas
Mucho gusto y bienvenido al foro.
Mira, al igual que Angel, creo que puede haber disciplina con o sin vara. Aclaro un punto: en esto de ser paterfamilias se puede decir que soy "nuevo", así que me remito a experiencias personales y a lo que ahora vivo con mi pequeña de 2 años.
No sé qué edad tienen tus hijas mayores, pero me imagino que son adolescentes o preadolescentes.
Creo que lo que les ocurre puede ser -si es que son de esa edad- que precisamente los indivuos se vuelven más receptivos hacia las influencias externas (medios de comunicación, amistades, profesores, etc) lo que los hace en ocasiones adoptar posturas ajenas a lo aprendido en casa.
Otra cosa puede ser que haya algo en casa con lo que no están de acuerdo y les molesta. Cabe ver si no hay actitudes por parte de ustedes (tú y tu esposa) que provocan tal situación.
De cualquier modo, creo que lo fundamental sería hablar directamente con ellas para saber exactamente qué es lo que está modificando su carácter. Trata sutilmente de averiguar si tienen problemas en la escuela, qué amistades tienen y no juzgues (los padres muchas veces son dados a hacer conjeturas acerca de las amistades de sus hijos), sólo escucha y toma nota, para que puedas sondear dónde pueden estar los puntos a atender.
Dios te bendiga y esperamos que el hermano Marcial te pueda dar una mejor orientación al respecto, creo que todos podemos aprender bastante.
Un fraternal saludo.
Los padres Cristianos, deberián formar una familia Crsitiana,el modelo de conducta que los padres transfieren a sus hijos en su infancia es básico, pues ésta permanecera durante toda su vida. Aca en México, de donde soy, la familia (hablo en general) parece no estar interesada, en educar a sus hijos y deja esa educacion a las instituciones (es una apresiación personal). Hablando de la familia Cristiana, me parce que son pocas las que se preocupan por esta formación, y sigen el modelo "acostumbrado". Si somos mas cuidadosos en nuestro comportamiento familiar, podremos llevar a buen fin, una exelente familia con base en la presencia de Crsito Jesus. Dios les Bendiga.
Caminante17
09-jun-2002, 16:18
Primero que todo pedirles disculpas por mi ausencia... estoy en retiro hasta el viernes, aunque no puedo evitar venir aunque sea de paso.
HECTOR...¡VARÓN DE DIOS! Gracias por tu amistad y ayuda (Lo tendré en cuenta para el día del padre :D )
ANGEL, ALFREDO, JOSE LUIS, HECTOR... y todos los demás. ¡Gracias por su confianza. Gracias por el concepto que tienen de mí.!
¡La Gloria sea toda para Nuestro Señor y Dios!
Gracias por sus aportes. Estoy de acuerdo en lo expresado por cada uno de ustedes... son sus vivencias, que nos edifican a todos.
Pero debemos recordar siempre, que la paternidad es algo que desafortunadamente no se aprende por muchos cursillos que hagamos y consejos que recibamos... aunque sin duda alguna, nos ayuda mucho. La paternidad es algo que debemos vivir para poder entenderla en toda su magnitud y complejidad, así como también disfrutarla en toda su hermosura.
Sin embargo cada caso es suigeneris.
Aunque sean doce hermanos (que ya no se ven mucho;) ), la manera de levantarlos es particular en cada caso y no se puede generalizar al tratar de disciplinar a nuestros hijos, de la misma manera que no se puede generalizar y tratar con el mismo medicamento a pacientes que padezcan igual enfermedad, por ese mero hecho.
De hacerlo así, se corre el serio riesgo de "matar" sus caracteres, que son completamente diferentes.
Así, pues, que hay que individualizar el ejercicio de la corrección en cada uno de nuestros hijos. De la misma forma que Dios, aunque tiene principios divinos aplicables para todos sus hijos, no nos corrige a todos de la misma forma. Con cada uno aplica correctivos particulares, según las circunstancias, pero también según el carácter de la persona... Porque lo que resiste uno, es posible que el otro no lo resista.
Habíamos hablado de la recomendación bíblica de iniciar la disciplina desde la primera infancia, porque es la etapa cuando el niño es más receptivo y asimila mejor las enseñanzas, para que cuando llegue a una edad mayor, pueda recordarla con facilidad.
Es algo muy común en aquellos padres que llegamos a Cristo, ya casados y cuando nuestros hijos están creciditos, que haya cierta confusión acerca de la manera de disciplinar. Pero si el niño se ha levantado dentro de buenos principios morales... igualmente tendrán aplicación dentro de la vida cristiana.
Los casos de mal comportamiento igualmente se dan en niños que vienen de hogares cristianos, que de aquellos que no lo son, aunque hayan sido educados dentro de los mejores principios morales. Así que la disciplina siempre va a ser necesaria.
La acción de los padres al tratar un caso de mala conducta, no debiera consistir en mucho más que mantener los labios cerrados, aunque sientan que debieran decir algo y corregir la situación por medio de reproches.
Pero el niño tiene un propósito detrás de su comportamiento y a menudo no tiene intención de cambiar. Descubre que las palabras son aburridoras y por eso llega a hacerse el sordo cuando le hablan. Los padres de tales niños a menudo suspiran: “Ese niño nunca escucha ninguna palabra mía”. De esta manera redoblan sus esfuerzos y acumulan amenazas sobre amenazas.
Un buen consejo para los padres que se encuentran en esta situación difícil es: “En tiempo de conflicto, mantenga la boca cerrada y actúe”.
Conserve su serenidad y establezca su derecho de requerir obediencia. Sea firme, y eventualmente la acción producirá respeto... En efecto, la acción traerá el respeto más rápido que las palabras.
Pero lo realmente importante es establecer un equilibrio entre el amor y el control.
Los extremos rara vez son útiles, y esto es más que verdadero cuando se disciplina a un niño.
Por eso hay que evitar extremos como los siguientes:
EL PADRE AUTORITARIO.
Algunos padres suponen que es su deber mandar, dictar y controlar al niño. De esta manera, el menor se encuentra completamente dominado bajo la regla de sus padres. Lo castigan repetidas veces, por lo que el niño vive en constante temor y zozobra.
Los niños que viven bajo un control extremo y autoritario, donde la disciplina es severa, a menudo son pendencieros, desobedientes, problemáticos en la escuela, nerviosos y temperamentales.
Debido a que los padres lo mantienen constantemente bajo su dominio, el niño no aprende nunca a tomar y hacer sus propias decisiones.
Y con mucha frecuencia se arraigan en ellos sentimientos profundos de amargura y resentimiento, que con toda seguridad brotarán más adelante, en el furor de una hostilidad abierta, cuando sean adolescentes o adultos.
EL PADRE PERMISIVO.
En este caso es el niño quien tiene la sartén por el mango, quien tiene el control; y los padres se doblegan ante sus caprichos.
Como son incapaces de controlar el comportamiento del niño y como éste no ha aprendido a controlarse, la disciplina se convierte en un problema mayor.
El comportamiento sin control permite que los padres se conviertan frecuentemente en el blanco de sus chistes.
Mientras el hijo se jacta de su comportamiento, los padres sufren con vergüenza. Sus nervios se mantienen en tensión, y por eso a menudo prefieren quedarse en casa antes que escuchar sus charadas en público.
El niño no respeta a sus padres, ni a otras personas, ni la propiedad de los demás. Con el tiempo, ese niño corre peligro de tener más problemas emocionales que el que ha sido criado bajo una regla autoritaria.
Una paternidad permisiva no convence a los hijos, porque les causa la impresión de que a sus padres no les importa lo que hagan ni lo que lleguen a ser.
Desarrollan falta de respeto por unos padres a quienes les hace falta fuerza de carácter para tomar las decisiones morales necesarias en la vida cotidiana.
Por eso los padres no deben creer que están ayudando a sus hijos al permitirles que hagan lo que les venga en gana.
EL PADRE SIN AMOR.
No solamente numerosos estudios realizados acerca de los niños confirman la importancia duradera del amor paternal y la atención de los padres durante los años tempranos de la vida. También nuestras propias vivencias nos dan testimonio, de cuan importante es la crianza de nuestros hijos con todo el amor que podamos darle, sin escatimar nada.
El Dr. René Spitz, sicoanalista, pasó tres meses observando las reacciones de los bebés en un hogar para niños, donde los empleados estaban tan ocupados que cada niño “tenía sólo la décima parte del cuidado de una madre”. El Dr. Spitz estima que el 30 por ciento de los bebés de aquel lugar morían antes de cumplir el primer año. “Sin experimentar satisfacción emocional, los niños mueren”, dice el Dr. Spitz. “El hambre emocional es tan peligrosa como el hambre física. Su efecto es más lento, pero más efectivo”.
Acá en Colombia, en el Departamento de Neonatología del Hospital San Juan de Dios, se implementó una estrategia que se llamó “madres canguro”, mediante la cual, las madres de niños prematuros, los llevaban dentro de sus vestidos... pegados al pecho. En vez de dejarlos recluidos en una incubadora.
El descenso de la morbi-mortalidad de estos infantes fue realmente considerable.... Y hoy está estrategia se usa exitosamente, a nivel mundial, en muchos hospitales.
Casos extremos de un padre sin amor incluyen la negligencia total hacia el niño, el abandono y la crueldad.
Las cortes juveniles comienzan a ocuparse cada vez más de estos casos.
Pero lo que más preocupa a los sociólogos es una forma más común y sutil de rechazo manifestada por un gran número de padres, y que consiste en castigo severo, crítica constante, regaños, donde lo que los padres perciben es únicamente las imperfecciones del niño, y no se estimula cuando hace algo bueno; exigencias para que el niño haga conforme a normas inadecuadas o imposibles de adquirir, o se le compara desfavorablemente con sus hermanos o con otros niños.
EL PADRE POSESIVO Y SOBREPROTECTOR.
Algunos padres que tienen buenas intenciones, pero malas normas, no permiten que sus hijos crezcan y se desarrollen en forma natural.
Bajo el pretexto de amarlos y preocuparse por ellos, estos padres no permiten que sus hijos menores corran riesgos razonables ni que hagan cosas por ellos mismos.
Su pretexto se basa en la “ayuda” constante que necesitan los niños.
Quieren mantenerlos tan cerca como puedan y completamente dependientes.
Hay otros que invierten todas sus fuerzas y todos sus sueños en el futuro de sus hijos. Esto sucede a menudo en una familia donde un padre no recibe la satisfacción emocional de otras fuentes, y por tal motivo depende del niño para poder funcionar adecuadamente como adulto.
Un niño necesita un padre, pero un padre no debe necesitar un niño en el mismo sentido.
El deseo de ejercer dominio, la preocupación intensa y el amor maternal exagerado son una excusa o una compensación para un rechazo inconsciente.
Una madre puede sentirse culpable por el rechazo que siente por su hijo. Pretende cubrirlo todo al mostrar una preocupación excesiva y una ansiedad extrema por él.
No podemos proteger al niño de por vida, ni debemos intentarlo, pero estamos obligados a enseñarlo para que le haga frente a la vida con fuerza y valor.
EXTREMOS OPUESTOS.
Uno de los problemas más frecuentes que surgen es lo que se debe hacer cuando el padre y la madre tienen ideas opuestas acerca de la forma de criar al niño y de disciplinarlo.
El padre puede ser severo e imperioso. En cambio la madre puede ser una persona más balanceada, fácil de tratar y menos estricta.
Es difícil mantenerse neutral cuando se advierte que el otro no está resolviendo adecuadamente un problema de disciplina. Sin embargo, eso es precisamente lo que se debe hacer: Mantenerse al margen.
Se hace más daño al niño cuando éste observa que el padre y la madre están en desacuerdo acerca de la forma como él debe ser educado.
Si usted no está de acuerdo con lo que su compañero o compañera dice o hace, manifiéstele sus sentimientos en privado, pero nunca frente al niño. ¡NUNCA DESAUTORICE A SU ESPOSO(A) DELANTE DE SU HIJO!
Aunque los padres difieran en temperamento, métodos y respuestas, el menor aprende rápidamente a responder a cada uno. El sabe cuál de los dos es el estricto y cuál es el “suave”, y ajustará su comportamiento de acuerdo con las respuestas de ambos.
Aunque las tácticas relacionadas con la crianza del niño sean diferentes, el menor adaptará su comportamiento y madurará en una forma normal cuando aprenda que sus padres se mantienen unidos en asuntos de gran importancia.
Si se da cuenta de que es capaz de “dividir y conquistar”, lo más probable es que use ese método contra los dos.
Un niño necesita sentirse seguro. Y su seguridad quedará profundamente sacudida cuando se dé cuenta que uno de sus padres trata de disculpar la deficiencia del otro, o cuando ve que uno contradice al otro, combate sus argumentos o trata de acabar con el partido que el otro ha tomado.
Cuando los padres trabajan conjuntamente deben recordar esta consigna: “Unidos venceremos, divididos perderemos”.
Todo niño necesita disciplina en una atmósfera de amor, y los padres competentes evitan los extremos, ya sea en el amor como en el castigo.
Si usted ama a su hijo con un afecto que alimenta la formación del carácter, lo podrá disciplinar con el equilibrio debido entre el amor y el control.
¡Dios les bendiga hermanos!
PD.
Amados hermanos... Por favor no se cohiban en participar. Lo que se trata es de que todos aprendamos de todos.
Yo no pretendo tener todas las respuestas. Y es menester que cada uno adapte los consejos que cree que le puedan servir, a sus propias circunstancias vividas.
¡Nos vemos el jueves por la noche... o el viernes en el chat!!!!
Caminante17
13-jun-2002, 21:03
EL CASTIGO.
Sería provechoso si se pudiera depender por completo del respeto, de los límites establecidos, de las reglas y el razonamiento, de la acción y de las consecuencias naturales para disciplinar a los niños.
Pero desafortunadamente tales métodos no siempre son suficientes. Y el castigo a veces se hace necesario.
Ningún niño (por lo menos los niños que yo conozco) se comporta con tanta perfección como para no necesitar castigo.
Y pienso que el castigo se hace necesario en tres situaciones:
La primera situación se relaciona con un mal comportamiento manifestado repetidas veces.
Por ejemplo, usted le ha dicho a Julia... niña de tres años, que no se vaya a la calle sino que juegue únicamente en el patio. Sin embargo, ella insiste en seguir cruzando la calle y jugando con sus amigas. Usted la amonesta... pero como todas las amonestaciones han fracasado, Andrea necesita ser castigada para aprender la lección.
La segunda situación en que el castigo es necesario, es cuando la seguridad del niño está en peligro. Si usted encuentra a su hijo tratando de trepar la cerca para pasar al otro lado donde está la piscina, una simple frase como ésta, sería suficiente: “Puedes nadar sólo cuando tu papá y tu mamá están contigo; no debes ir a la piscina solo”... seguida por una o dos nalgadas para que no lo olvide.
Un procedimiento similar se puede usar cuando se trata de peligros potenciales, tales como los cuchillos, los fósforos y los venenos.
La tercera situación en que se hace necesario administrar el castigo es cuando el niño desafía de forma deliberada la autoridad de los padres.
Cada vez que su hijo le desobedece, usted debe averiguar cuáles son sus motivos.
Digamos que al niño se le olvida darle comida al perro o que dejó su bicicleta afuera o que perdió un libro de la biblioteca. Tales acciones, por lo general, no son desafíos directos a su autoridad; en cambio, son el resultado que viene por falta de experiencia y madurez.
No debemos castigar al niño por ser niño y demostrar características infantiles.
Sin embargo, si el menor lo desafía y le resiste, si manifiesta una rebelión intencional, es necesario que usted escoja un castigo arbitrario.
Supongamos que le ha prohibido nadar cuando está solo, o le ha pedido que no se acerque a cierto lugar después de las clases, o le ha indicado que espere en cierto lugar hasta que usted regrese.
Si el niño desobedece su pedido, está manifestando un abierto desafío a su autoridad de padre o madre.
Los niños comienzan a desafiar la autoridad a una edad bien temprana. Los padres pueden reconocer una actitud de desafío por cierto destello en la mirada del niño que pone a prueba a sus padres y los presiona hasta el límite.
Cuando el niño responde de esta manera, en realidad está haciendo esta pregunta:
“¿Quién controla esta casa, tú o yo?”
Los padres necesitan poner en claro la respuesta a esta pregunta cuando el niño se encuentra en edad bien temprana, para evitar que su autoridad sea puesta en bretes durante los años que vengan; porque generalmente, estas “pruebas” se van haciendo cada vez más pesadas, conforme va pasando el tiempo, y los niños se hacen cada vez más difíciles de controlar en la medida que procuran hacer las cosas a su antojo... y pasar por encima de los límites y la autoridad que usted les ha establecido.
Hay tres métodos básicos de castigo.
Si el mal comportamiento, que usted ve en su hijo(a), no representa un desafío directo a su autoridad, quizás los dos primeros métodos sean los más apropiados.
Privación.
Se trata de la restricción o la separación del niño del ambiente normal en el cual se desenvuelve, o quitarle algo que sea importante para él.
Supongamos que su hijo de cinco años de edad pinta las paredes con creyón. Como escribir en la pared no produce consecuencias naturales, usted debe seleccionar un castigo arbitrario para corregir ese mal comportamiento. Le puede decir: “David, tienes suficiente edad para saber que no debes pintar las paredes. Voy a quitarte los creyones por unos cuantos días. Esto te hará recordar que los creyones se usan en el papel, no en las paredes. Aquí tienes un trapo mojado para que limpies las marcas que has dejado en la pared”.
Hay que procurar que el castigo de privación se relacione directamente con el mal comportamiento.
Si María insiste en dejar la bicicleta en la entrada del garaje, de modo que su padre no puede entrar el carro, quítele la bicicleta.
Si se produce una pelea en el juego de los niños, prívelos del juego.
Sin embargo, cuando prive al niño de algo que es importante para él, procure también, que el tiempo sea razonable.
Si priva a un niño de cinco años que mire televisión durante un mes, esta actitud suya es irrazonable.
El castigo no tendrá significado alguno para él y no tendrá mayor incentivo el decirle que no podrá mirar televisión de nuevo. Privarlo de mirar televisión por unos pocos días es razonable, y actuará como un incentivo para mejorar su comportamiento. El niño reconoce la seriedad y la justicia del castigo.
Aislamiento.
Otro método arbitrario de castigo consiste en enviar al niño a su cuarto, pararlo en un rincón o sentarlo en una silla., según sea su edad
Luis, niño de nueve años, interrumpe estrepitosamente un juego en el patio con unos amiguitos del vecindario.
La madre podría decirle: “Veo que hoy no te puedes llevar bien con los demás. Me disgusta ver a los niños golpearse, gritarse y empujarse. Voy a enviarte a tu cuarto para que juegues solo hasta que me puedas probar que eres capaz de controlarte”.
Esa madre permitió que su castigo tuviera una “puerta de escape”. Tan pronto como Luis demuestre buen comportamiento podrá reunirse con sus amiguitos. No le dé la impresión al niño de que debe quedarse en su cuarto para siempre. El propósito de enviarlo a su cuarto es para que haya una reflexión de su parte y se efectúe en él un cambio de comportamiento, y no aislarlo para siempre.
Asegúrele que tan pronto como esté dispuesto a cambiar de actitud y jugar sin problemas con otros niños, podrá volver a jugar con ellos.
El castigo físico.
Es otro método arbitrario para controlar el comportamiento cuando otros recursos han fracasado.
Sin embargo, aunque muchos padres no quieren admitirlo, el propósito principal por el cual castigan físicamente a sus hijos es el de aliviar sus sentimientos de frustración.
Y casi todo padre, alguna vez se ha sentido frustrado debido al mal comportamiento de su hijo, se enoja y pierde la calma, y como resultado le da una buena tunda a su hijo.
Este castigo puede aliviar al padre de su frustración, ¿pero... y el niño? La hostilidad y la rebelión pueden intensificarse en el niño cuando los padres actúan violentamente.
Si los padres gritan y dan voces, si dan golpes cuando están molestos o les pegan sin misericordia alguna cuando cometen accidentes o errores... están sirviendo de modelos para que los niños los imiten más tarde.... Esta clase de violencia paternal no puede considerarse como un método adecuado para disciplinar a los hijos.
Sin embargo, si el niño baja la cabeza, aprieta los puños y amenaza a sus padres... pienso que ellos deben actuar sin tardanza de una manera apropiada.
Los padres, no deben permitir que el niño les gane ventaja en ningún momento.
Unas cuantas nalgadas proporcionadas con cariño pueden enseñarle una lección valiosa... pero los padres no pueden actuar racionalmente ni con amor en un momento de enojo... Tal vez sea necesario que respire profundo, o vaya a otro cuarto para recobrar la compostura antes de administrar el castigo.
Muy a menudo el castigo y la crítica(la cantaleta) van unidos. Regañamos, sermoneamos y calificamos al niño como “malo” en un esfuerzo por corregirlo... Pero tal castigo rara vez corrige el comportamiento... Eso sólo rebaja al niño.
Restringir la desobediencia es suficiente castigo, sin necesidad de decirle al niño que es malo o hacerle sentir que no sirve para nada.
Cuando el niño indica que quiere cambiar su comportamiento, restablézcalo al aprecio de la familia sin cubrirlo de humillación y vergüenza.
Una última recomendación: CASTÍGUELOS EN PRIVADO... No es necesario someterlos a una humillación pública... Eso podría destruirlos o generar rencor.
¡Bendiciones para todos!
hhmmss1
13-jun-2002, 23:17
Creo que los castigos deben asimismo ser entendidos por los niños como algo justo ante una conducta inapropiada.
Hay otro extremo que espero que también toque, y es el de los estímulos a los hijos, ya que dados en exceso pueden afectar la disciplina.
Sigue adelante hermano, con el tema.
Caminante17
18-jun-2002, 02:51
Hablemos de la adolescencia... pero por favor participemos todos.
Yo también necesito aprender de ustedes... OK?
Muchos definen la adolescencia como “los años que median entre los 13 y los 19 de la vida de una persona”. Esta declaración no es muy explicativa, ¿verdad? En inglés estos años se conocen como los teens, y su origen se deriva de un vocablo antiguo conocido como teona, que significa agravio, enojo y aflicción. Sí, estos años pueden ser dolorosos tanto para los padres como para los adolescentes.
Aunque el adolescente no ha ganado todavía la libertad de la adultez, sin embargo ha perdido los privilegios de la niñez. Como resultado, se puede decir, que durante siete años se encuentra suspendido entre las garras del tiempo. Por lo general, a la edad de 15 años el jovencito siente que todo se le prohíbe. No puede conducir el carro, casarse, pedir prestado dinero, hacer sus propias decisiones, votar ni entrar al ejército. Pero debe ir a la escuela, quiéralo o no. Todas estas negativas ponen tirante la relación entre los adultos y los adolescentes, y esa tirantez prevalece hasta que el adolescente logra emanciparse financierarnente.
A diario escuchamos y leemos por la radio, la televisión y los otros medios de comunicación numerosas estadísticas referentes a la delincuencia juvenil, el crimen, las muchachas solteras que resultan embarazadas (madres solteras) y la drogadicción.
Pero valdría la pena que nos hiciéramos una pregunta ¿Son los adolescentes de nuestro tiempo peores que cuando nosotros éramos jóvenes?
Tal vez no son peores, pero se puede decir que el adolescente de hoy es muy diferente del adolescente de hace veinte o treinta años. Aunque los adolescentes de la actualidad hacen casi las mismas cosas que nosotros hicimos en el pasado, las están haciendo a una edad más temprana.
Los sociólogos han confirmado que los niños crecen más rápido en nuestros días. Salen en citas amorosas a una edad más temprana y conocen aspectos de la vida propios de los adultos con indebida anticipación. Los adolescentes de nuestros días tienen más dinero, más medios de transporte, más tiempo libre y menos supervisión que nunca antes.
También maduran sexualmente tres años más temprano que la generación anterior.
Los problemas del mundo adulto complican más la situación. El divorcio, la inflación, la crisis de energía y la corrupción política que existen en la actualidad, no son cuadros halagüeños... Los adultos que no pueden hacer frente a sus propias dificultades, no están capacitados para enfrentarse con los problemas que surgen en la vida del miembro adolescente de la familia.
Durante el difícil tiempo del crecimiento, el adolescente necesita padres que puedan reconocer que en él se están efectuando cambios que lo llevan hacia la adultez, padres que comprendan con paciencia en vez de reaccionar contra sus actitudes y el comportamiento.
Hasta el comienzo de la adolescencia, el hijo ha aceptado más o menos el gobierno paterno, sin necesidad de gran persuasión.
Ahora, sin embargo, usted comienza a darse cuenta de que el adolescente quiere verificar todo lo que usted le dice. El mismo niño que anteriormente parecía estar contento bajo su cuidado, ahora comienza a causar problemas, se muestra inquieto y se enoja con facilidad.
El método de disciplinar que usted usaba anteriormente, ahora ha perdido su eficacia. La estimación de sí mismo del adolescente comienza a adquirir gran importancia. La responsabilidad llega a convertirse en una cosa del pasado. El compañerismo y la amistad que usted soñaba mantener con su hijo adolescente pareciera haberse esfumado.
Los momentos de conversación seria que usted planeaba tener con su hijo, no han llegado a ser la realidad esperada. Ahora el adolescente no desea quedarse en casa con la familia. Cuando se queda, su mente divaga y no presta atención. Actúa como si fuera un delito ser visto en compañía de sus padres.
Sus altibajos emocionales, sus ataques temperamentales y sus períodos de indolencia empiezan a causar confusión en usted.
Y usted se pregunta si tal vez está perdiendo su competencia como padre y el contacto con su hijo.
Se siente confundido y decide buscar ayuda para entenderse mejor usted mismo y también a su hijo.
El padre procura acordarse de lo que sucedía en su juventud, pero los años transcurridos opacan sus recuerdos.
Los lamentables fracasos de sus amigos en la crianza de sus hijos le causan confusión.
Fortalecido el padre o la madre con la esperanza de tener cierta medida de éxito en la crianza del adolescente, le hace frente a la tormenta y sale lo mejor que puede; pero pronto descubre que nuevos nubarrones anuncian otra tormenta.
Si esta situación describe parcialmente su relación con sus hijos... cálmese, porque está dentro de lo que ocurre normalmente. Usted no necesita sentir que ha fracasado como padre, debido a que de vez cuando tiene problemas de comunicación con el adolescente.
Todos los hijos, en una forma u otra, expresan su rebelión contra los padres.
BENDICIONES PARA TODOS!
vBulletin® v3.7.3, Copyright ©2000-2009, Jelsoft Enterprises Ltd.