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Ver versión completa : Capitulo 26 de San Mateo


memo
20-may-2003, 10:03
Oracion:
Padre de amor y misericordia, alabado y bendecido sea tu santo nombre, gracias por permitirnos estar en este foro y por el privilegio de estudiar tu santa palabra, amado Padre danos cada día mas de ti que tu Santo Espiritu nos haga entender y ver las áreas de nuestra vida que necesitan ser cambiadas, abre los ojos de nuestro entendimiento para que podamos poner en practica lo que aqui aprendemos. En el nombre precioso de nuestro Señor y Salvador Cristo Jesús. AMEN



Capitulo 26:
1
Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos:
2
Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.
3
Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás,
4
y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle.
5
Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.
6
Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
7
vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.
8
Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?
9
Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres.
10
Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra.
11
Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.
12
Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura.
13
De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
14
Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes,
15
Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.
16
Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.
17
El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua?
18
Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos.
19
Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua.
20
Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce.
21
Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.
22
Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?
23
Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar.
24
A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.
25
Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho.
26
Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
27
Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;
28
porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.
29
Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.
30
Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
31
Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.
32
Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
33
Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.
34
Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
35
Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
36
Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.
37
Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.
38
Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
39
Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
40
Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?
41
Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.
42
Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
43
Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.
44
Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.
45
Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
46
Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.
47
Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.
48
Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle.
49
Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó.
50
Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.
51
Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja.
52
Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.
53
¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?
54
¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?
55
En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis.
56
Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
57
Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos.
58
Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin.
59
Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte,
60
y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos,
61
que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo.
62
Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?
63
Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.
64
Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.
65
Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia.
66
¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!
67
Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban,
68
diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.
69
Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo.
70
Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.
71
Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno.
72
Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.
73
Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.
74
Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo.
75
Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.
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CarlosBlanco
28-ago-2003, 18:57
Ruego a Dios que su Santo Espiritu me ilumine para exponer las enseñanzas que estan en las Sagradas Escrituras,y ser de bendicion a los que lo lean. Amen

Capítulo 26


El Señor ha terminado Sus discursos. Se prepara ahora a sufrir y a dar Su última y conmovedora despedida a Sus discípulos, a la mesa de Su última pascua sobre la Tierra, desde donde instituyó el simple y precioso memorial que evoca Sus sufrimientos y Su amor con un interés tan profundo. Esta parte de nuestro Evangelio no requiere mucha explicación, pero no porque sea de menos interés, sino porque hay que sentirlo mejor que ser explicado.

¡Con qué sencillez el Señor anuncia aquello que tenía que pasar! Había llegado ya a Betania seis días antes de la Pascua (Juan 12:1): allí habitó, a excepción de la última cena, hasta que fue tomado prisionero en el jardín de Getsemaní, aunque visitó Jerusalén y participó de Su última comida allí.

Hemos examinado ya los discursos pronunciados durante aquellos seis días, así como Sus acciones, tales como la purificación del templo. Aquello que precede a este capítulo, o bien es la manifestación de Su derecho como Emanuel, Rey de Israel, o la del juicio del gran Rey con respecto al pueblo -un juicio expresado en discursos frente al cual el pueblo no tenía respuesta-; o finalmente, la condición de Sus discípulos durante Su ausencia. Tenemos ahora Su sujeción a los sufrimientos que le fueron fijados, al juicio que estaba a punto de caer sobre Él, pero el cual era, en verdad, sólo la consumación de los consejos de Dios Su Padre, y de la obra de Su mismo amor.

La escena del temible pecado del hombre en la crucifixión de Jesús, es desarrollada ante nosotros. Pero el Señor mismo (cap. 26:1) la anuncia de antemano con toda la serenidad de Aquel que había venido para este propósito. Antes de que tuvieran lugar las resoluciones por parte de los sacerdotes, Jesús habla de ella como un asunto ya zanjado: «Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado».

Más tarde (vers. 3) los sacerdotes, los escribas y los ancianos se reúnen para urdir sus planes a fin de echar mano sobre Su Persona, y deshacerse de Él.

En una palabra, en primer lugar, los maravillosos consejos de Dios, y la sujeción de Jesús, conforme a Su conocimiento de estos consejos y de las circunstancias que iban a darles cumplimiento; y, más tarde, los consejos inicuos del hombre, que no hacen sino cumplir aquellos de Dios. Su trabajado plan de no prenderle en la fiesta por temor del pueblo (cap. 26:25) no era la idea de Dios, y fracasa: Él tenía que sufrir en la fiesta.

Judas fue el instrumento de su malicia en manos de Satanás. Después de todo, si urdió todos estos planes fue por intención divina. Desearon, pero de balde, evitar prenderle durante la fiesta, por temor de la multitud, que tal vez intercedería por Jesús si Él les solicitaba protección. El pueblo así lo hizo cuando Él entró en Jerusalén. Los principales se imaginaron que Jesús pediría defensa, pues su iniquidad siempre deducía sus cálculos en base de los principios ajenos. Esto explica por qué fracasan tanto en burlar el derecho, porque eran torpes. Aquí se trataba de la voluntad de Dios que Jesús tuviera que sufrir en la fiesta. Pero Él había preparado providencialmente alivio para el corazón de Jesús -un bálsamo para Su corazón antes que para Su cuerpo-, circunstancia que emplea el enemigo para llevar a Judas al extremo de asociarse con los principales sacerdotes.

Betania( No fue en la casa de Marta que ocurrió esta escena, sino en la de Simón el leproso: Marta servía y Lázaro se sentaba a la mesa. Esto personaliza aún más el sabio gesto de María.)-retenida en la memoria por los últimos momentos de paz y tranquilidad en la vida del Salvador, el lugar donde habitaban Marta y María, y Lázaro, el muerto resucitado-, recibe a Jesús por última vez: el bienaventurado y fugaz retiro de un corazón que, siempre dispuesto a prodigar amor, caminaba en la estrechura de un mundo de pecado que no podía ni sabía corresponderle. Pero un corazón que nos ha dado, en Sus relaciones con esta amada familia, el ejemplo de un afecto perfecto, y humano, que hallaba dulzura en ser respondido y apreciado. La proximidad de la cruz, donde Él tendría que dar Su rostro como un pedernal, no privó a este corazón del gozo de la dulzura de esta comunión, al tiempo que la volvía solemne y afectuosa. Al hacer la obra de Dios, no cesó de ser Hombre. En todo condescendió para ser nuestro. No podía aceptar ya a Jerusalén, y este santuario le cobijó por unos momentos de la tosca mano del hombre. Aquí pudo manifestar lo que siempre fue como Hombre. Es con acierto que la acción de alguien, que en cierto sentido podía apreciar lo que Él sentía (No hallamos ejemplo de que los discípulos entendieran alguna vez lo que Jesús les decía.) -cuyo afecto penetró inconscientemente en la creciente hostilidad manifestada contra el objeto que ella amaba y por el cual era atraída-, y el gesto que expresa el valor que su corazón daba a Su hermosura y gracia, serían contados en todo el mundo. Esto es una escena, un testimonio que trae al Señor sensiblemente más cerca de nosotros, y despierta en nuestros corazones un sentimiento santificador, cuando los vincula a Su Persona amada.

Su vida de cada día continuaba en una tensión de alma, en proporción a la fuerza de Su amor -una vida de devoción en medio del pecado y de la miseria. Por un momento, Él podría y reconocería -en presencia del poder del mal, que ahora se manifestaba, y del amor que se aferraba a Él, inclinándose ante el mismo, mediante el conocimiento cultivado a las plantas de Sus pies- aquella devoción a Su Persona, derivada de aquello ante lo que se inclinaba, con divina perfección, Su alma. Él podía decir una palabra inteligente, dar su verdadero significado, a aquello sobre lo cual, de manera silenciosa, obraba el afecto divino(Cristo satisfizo el corazón de la pobre mujer en la ciudad en la que fue pecadora, explicó allí la mente de Dios, y se la contó a ella. Satisfizo el corazón de María allí, y justificó y gratificó su afecto, dando la divina apreciación de lo que ella hizo. Él satisfizo el corazón de María Magdalena en el sepulcro, para quien el mundo era algo vacío si Él no se hallaba allí, y revela la mente de Dios en sus formas más elevadas de bendición. Tal es el efecto de una unidad con Cristo).

El lector hará bien en estudiar atentamente esta escena de la conmovedora condescendencia y esparcimiento de corazón. Jesús, Emanuel, el Rey y supremo Juez, ha estado haciendo que todas las cosas fueran pasando ante Él en juicio (del cap. 21 al final del 25). Había terminado aquello que tenía que decir. Su tarea aquí, en este sentido, estaba cumplida. Ahora ocupará el lugar de Víctima, sufriendo solamente, a la vez que consintiéndose el disfrute de las emocionantes expresiones de afecto que fluyen de un corazón entregado a Él. No podía por menos que probar la miel y pasarla de largo. Pero al degustarla, no rechazaba ningún afecto que Su corazón supiera apreciar y lo hiciera.

Obsérvese de nuevo el resultado del profundo afecto para el Señor. Los afectos respiran la atmósfera en que, forzosamente y en aquel momento, es hallado el Señor. La mujer que le ungió no estaba informada de las circunstancias que estaban a punto de suceder, ni era ella una profetisa. Pero la proximidad de esa hora oscura era sentida por aquella cuyo corazón estaba muy atento en Jesús(La envidia de los principales de Israel era conocida de los discípulos: «Maestro, los judíos de antes intentaron apedrearte, y tu vuelves allí?» Y después por Tomás (un testimonio providencial al amor de aquel que después mostró su incredulidad acerca de la resurrección de Jesús): «Vayamos para que podamos morir con Él». El corazón de María sin duda que sintió esta enemistad, y mientras crecía, su unidad al Señor crecía con ella.). Las diferentes formas del mal se desarrollaban ante Él manifestándose con sus colores verdaderos. Bajo la influencia de un maestro, Satanás, se amontonaban en torno al único objeto contra el cual merecía la pena formar esta concentración de malicia, y el cual sacó su verdadero carácter a la luz delatadora del día.

Pero la perfección de Jesús, que ahuyentó la enemistad, hizo salir también el afecto en la mujer; y ella (por decirlo así) reflejaba la perfección en este afecto; y cuanto más actuaba esta perfección, iluminada por esa enemistad, tanto más su afecto. Así, el corazón de Cristo no podía sino satisfacerlo. Jesús, a causa de esta enemistad, era todavía más el objeto ocupando un corazón que, llevado sin duda por Dios, avistaba inconscientemente lo que sucedía. El tiempo del testimonio, y el de la explicación de Sus relaciones con todos los que le rodeaban, había expirado. Su corazón era libre para gozar de los buenos, verdaderos y espirituales afectos de los que Él era objeto; y de los que, adquirieran formas humanas cualesquiera, mostraban tan claramente su origen celestial, que estaban unidos a ese objeto sobre el que en este momento solemne se concentraba toda la atención del cielo.

Jesús mismo era consciente de Su posición. Sus pensamientos estaban puestos en Su partida. Durante el ejercicio de Su poder, Él se oculta, se olvida de Sí mismo. Pero ahora oprimido, rechazado, y como un cordero conducido al matadero, siente que es el justo objeto de los pensamientos de aquellos que son Suyos, de todos los que tienen corazón para apreciar aquello que Dios aprecia. Su corazón está lleno de los sucesos venideros. Ver versículos 2, 10-13, 21.

Aún unas palabras sobre la mujer que le ungió. El resultado de tener el corazón puesto afectuosamente en Jesús, se muestra en esta mujer de manera extraordinaria. Ocupada en Él, se muestra sensible ante Su situación. Ella siente lo que le afecta, y esto hace que sus afectos actúen en conformidad a la devoción especial que inspira esa situación. Como se levantó contra Él el odio hasta alcanzar cotas homicidas, el espíritu de fervor hacia Él crece en ella como contrapartida. Consecuentemente, procediendo con tacto devocional, hizo precisamente lo que requería Su situación. La pobre mujer no era muy consciente de esto; y no obstante procedió según lo satisfactorio. Su valoración de la Persona del Señor Jesús, tan infinitamente preciosa para ella, hizo que se apercibiera con respecto a aquello que pasaba por Su mente. A sus ojos, Cristo estaba investido de todo el interés de Sus circunstancias; y ella prodiga sobre Él lo que expresaban sus afectos. Fruto de este sentimiento, su acción fue conforme a las circunstancias, y aunque fue solamente el instinto de su corazón, Jesús le dio todo el valor que Su perfecta inteligencia sabía atribuirle, incluyendo de inmediato los sentimientos de su corazón y los sucesos venideros.

Pero este testimonio de afecto y entrega a Cristo evidencia el egoísmo y la escasez de corazón en los demás. Ellos culpan a la pobre mujer. ¡Lamentable prueba -por no hablar de Judas(El corazón de Judas fue el origen de este mal, pero los otros discípulos, no ocupándose en Cristo, caen en la trampa.)- de los escasos afectos que despierta forzosamente en nuestros corazones el conocimiento de Jesús! Después de esto, sale Judas para concertar con los desdichados sacerdotes la traición de Jesús por el precio de un esclavo.

El Señor sigue Su carrera de amor; y como Él había aceptado el testimonio afectuoso de la pobre mujer, así otorga Él ahora a Sus discípulos uno de infinito valor para nuestras almas. El versículo 16 concluye este asunto del cual hemos estado hablando: el conocimiento de Cristo, conforme a Dios, de aquello que le aguardaba; la conspiración de los sacerdotes; el afecto de la pobre mujer y el egoísmo y frialdad de los discípulos, así como la traición por parte de Judas.

El Señor instituye ahora el memorial de la verdadera pascua. Envía a Sus discípulos a hacer los preparativos para la celebración de la fiesta en Jerusalén, señalando a Judas como aquel que le entregaría a los judíos. Se verá que no fue solamente Su conocimiento acerca del que le traicionaría, el que el Señor expresa aquí, puesto que lo supo cuando llamó a Judas a Su lado, sino que Él dice «uno de vosotros me va a entregar». Era aquello lo que sensibilizaba Su corazón, y deseaba también que sensibilizara el corazón de los demás.

Luego manifiesta que es un Salvador muerto, el que tiene que recordarse. No se trata ya del Mesías vivo; eso había terminado. No era el recuerdo de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto. Cristo, y el Cristo muerto, comenzó un orden de cosas completamente nuevo. Acerca de Él deberían pensar ellos en adelante como el que fue muerto sobre la Tierra. Luego concentra su atención en la sangre del nuevo pacto, añadiendo aquello que alcanza a otros aparte de los judíos, sin nombrarlos: «es derramada por muchos». Además, esta sangre no es, como en el Sinaí, solamente para confirmar el pacto, por la fidelidad por la que ellos eran responsables. Se derramaba para la remisión de los pecados. De modo que la cena del Señor presenta el recuerdo del Jesús muerto, quien, al morir, rompió con el pasado, y puso el fundamento del nuevo pacto. Obtuvo la remisión de los pecados, y abrió la puerta a los gentiles. Es sólo en Su muerte que la cena nos lo presenta a nosotros. No es Cristo viviendo sobre la Tierra, ni Cristo glorificado en el cielo. Él está separado de Su pueblo, por lo que respecta a sus goces sobre la Tierra. Habían de esperarle como el compañero de la felicidad que Él ha asegurado para ellos; pues Él afirma que será así, en tiempos mejores: «No la beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día que la beba nueva ( «Nueva» no es nuevamente (neon), sino de manera novedosa (kainon).)con vosotros en el reino de mi Padre». Pero una vez rotos estos vínculos, ¿quién, sino Jesús, podía soportar el conflicto? Todos le abandonarían. Los testimonios de la Palabra debían cumplirse. Estaba escrito: «Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño».

Sin embargo, Él seguiría adelante para renovar Sus relaciones, como Salvador resucitado, con estos menesterosos del rebaño, hasta el mismo lugar donde se había ya identificado con ellos durante Su vida. Él les precedería en Su entrada a Galilea. Esta promesa es muy notoria, porque el Señor retoma, bajo una forma nueva, Sus relaciones hebreas con ellos y con el reino. Podemos destacar aquí que, como había juzgado Él a todas las clases -hasta el final del cap. 25-, ahora exhibe el carácter de Sus relaciones con todos aquellos entre quienes Él mantenía alguna. Ya se trate de la mujer, o de Judas, o de los discípulos, cada uno toma su lugar en relación con el Señor. Esto es todo lo que hallamos aquí. Si Pedro tenía la energía natural suficiente como para sobrepasar el límite, sería sólo para una caída más profunda en el lugar donde sólo el Señor sabía permanecer en pie.
Ahora se adentra en soledad para presentar, en súplicas a Su Padre, los sufrimientos que le esperaban.

Pero al tiempo que se rodea de soledad, se lleva a tres de Sus discípulos para que en aquella hora solemne puedan velar con Él. Eran los mismos tres que estuvieron con Él durante la transfiguración. Tenían que ver Su gloria en el reino, y Sus sufrimientos. Se adelanta un poco de ellos. En cuanto a los discípulos, se durmieron igual que en el monte de la transfiguración. La escena aquí está descrita en Hebreos 5:7. Jesús no bebía aún la copa, pero estaba delante de Él. En la cruz sí la bebió, hecho pecado por nosotros, sintiendo en Su alma que era abandonado. Aquí es el poder de Satanás, utilizando la muerte como un terror con el que abrumarle. Pero la consideración de este asunto tendrá más consonancia cuando lleguemos al Evangelio de Lucas.

Vemos aquí Su alma bajo el peso de la muerte -anticipadamente- como sólo Él podía saberlo, no había perdido ésta su aguijón. Conocemos quién tiene el poder de la muerte, y la muerte todavía tenía todo el carácter de la paga del pecado, y la maldición, del juicio de Dios. Pero Él veló y oró. Como Hombre, sujeto por Su amor a esta acometida en presencia de la más poderosa tentación a la que Él podía exponerse, por una parte velaba, y por otra presentaba Su angustia a Su Padre. Su comunión no fue interrumpida aquí, por muy grande que hubiese sido el desasosiego. Esta ansiedad le acercó más, con toda sumisión y confianza, a Su Padre. Pero si teníamos que ser salvos, si Dios tenía que glorificarse en Aquel que había iniciado nuestra causa, la copa no debía pasar de largo. Su sujeción fue completa.

Dulcemente recuerda a Pedro su falsa confianza ( Es maravilloso ver al Señor en la plena agonía de la copa anticipada, sólo hasta entonces presentándosela a Su Padre, sin beberla. Y cuando se vuelve para dirigirse a los discípulos para hablarles con gracia serena, igual que en Galilea, regresando al terrible conflicto de espíritu exactamente por lo que ante Su alma se exhibía. En Mateo, Él es la víctima, y el agravio, sin circunstancia que lo aliviara, es lo que halla aquí Su alma.), haciéndole consciente de su debilidad. Pero Pedro era demasiado egoísta como para escuchar. Se despierta del sueño, sin alterarse la confianza en sí mismo. Era necesaria una experiencia más triste para su curación.

Por tanto, el Señor toma la copa de manos de Su Padre. Fue Su voluntad que Él la bebiera. Entregándose por completo a Su Padre, no es ni de manos de Sus enemigos ni de Satanás -aunque ellos fueran los instrumentos- que Él la toma. De acuerdo a la perfección con la que se había sujetado a la voluntad de Dios en esta cuestión, encomendando todo a Él, es solamente de Su mano que Él la recibe. Es la voluntad del Padre. Es así que escapamos de segundos motivos y de las tentaciones del enemigo, si buscamos la sola voluntad de Dios que dirige todo. Es de Él que recibimos la aflicción y la prueba cuando éstas vienen.

Los discípulos no necesitan velar más: había llegado la hora(Me propongo hablar de los sufrimientos del Señor cuando estudiemos el Evangelio de Lucas, en donde son descritos con más detalle; puesto que es como Hijo del Hombre que Él allí es especialmente presentado). Él tenía que ser entregado en manos de los hombres. Esto ya era decir mucho. Judas le señaló con un beso. Jesús salió a hallarse con la multitud y reprendió a Pedro por querer resistirse con armas carnales. Si Cristo hubiera deseado escapar, habría ordenado a doce legiones de ángeles acudir. Pero todas las cosas tenían que cumplirse (Obsérvese en este momento crucial y solemne, el lugar que el Señor otorga a las Escrituras: que así debía ser, que allí fue (vers. 54). Éstas son la Palabra de Dios.). Era la hora de sujetarse a los efectos de la malicia del hombre y al poder de las tinieblas, y al juicio de Dios contra el pecado. Él es el Cordero que iba al matadero. Luego, todos los discípulos le abandonan. Él se entrega, reconviniendo a la multitud que se acercaba a Él lo que estaba haciendo. Si nadie podía demostrar Su culpabilidad, Él no negaría la verdad.

Confiesa la gloria de Su Persona como Hijo de Dios, y declara a partir de entonces que ellos verían al Hijo del Hombre, no ya en la humildad de Aquel que no quebraría la caña cascada, sino viniendo en las nubes del cielo y sentándose a la diestra del poder. Habiendo dado este testimonio, es condenado por causa de lo que dijo de Sí mismo, por la confesión de la verdad. Los falsos testimonios no salieron con éxito. Los sacerdotes y los principales de Israel eran culpables de Su muerte, en virtud de su propio rechazo del testimonio que Él rindió a la verdad. Él era la Verdad; ellos estaban bajo el poder del padre de mentira. Rechazaron al Mesías, al Salvador de Su pueblo. No vendría más a ellos, excepto como Juez.

Le insultan y le denigran. Cada uno, ¡ay!, ocupa, como hemos visto, su propio lugar: Jesús, el de Víctima, los demás, el de traidores, desdeñosos, delatores y negadores del Señor. ¡Qué escena! ¡Qué momento más solemne! ¿Quién podía permanecer en ella? Sólo Cristo podía pasar por ese momento con constancia. Y lo hizo como una víctima. Como tal, debía ser despojado de todo, y ello en presencia de Dios. Todo lo demás desapareció, salvo el pecado que provocó todo; y conforme a la gracia, antes también de la poderosa eficacia de este acto. Pedro, confiado en sí mismo, vacilante, atrapado, respondiendo a la mentira, y jurando, niega a su Maestro; y dolorosamente convencido de la nulidad del hombre frente al enemigo de su alma y frente al pecado, sale y llora amargamente. Las lágrimas, que no pudieron borrar su culpa, pero que demostraron la existencia, a través de la gracia, de un corazón recto, testifican de la impotencia que la rectitud de corazón no puede remediar ( Creo que se podrá ver, al comparar los Evangelios, que el Señor fue custodiado en casa de Caifás en el transcurso de la noche, cuando Pedro le negó, y que se reunieron formalmente de nuevo por la mañana, y preguntándole al Bendito Señor, recibieron de Él la confesión por la que le condujeron a Pilato. De noche se trataba solamente de líderes activos, pero de mañana hubo una reunión formal del Sanedrín).

Ojala' que hayas podido disfrutar de estas ricas bendiciones!
En Cristo,
Rev:C.Blanco

memo
23-ago-2005, 22:36
Amados hermanos en Cristo

¿Como vivimos la enseñanza de Mat. 26:39 cuando tenemos un problema dificil?

¿Aceptamos la voluntad de Dios?

Bendiciones


___
Memo

GISENATY
24-ago-2005, 21:24
¿por donde andas metido? te extraño mucho amigooo!:(

memo
24-ago-2005, 22:15
Gisitaaa!!!!

Hace siglos que no se nada de vos !!!!!!

Si Dios lo permite te hablo o te escribo mañana, para no ocupar este espacio.

Te quiere mucho

Tu hermano en Cristo

Memo

SolaFide
25-ago-2005, 19:56
Hola Memo!!!

Cómo estás? Espero que muy bien!!

Siempre me alegro de leerte, aunque sé que ya casi ni tienes tiempo para entrar.

Espero que nos podamos encontrar algún día en el Yahoo y saludarnos.
Un abrazo!

memo
26-ago-2005, 19:59
Hola Hermanita!

Me alegra mucho tambien saber de ti, espero te encuentres bien.
Te comento que por las restricciones en el trabajo no me es posible ingresar a internet con frecuencia, y menos al mesenger de yahoo, pero tengo la posibilidad de poder comunicarme contigo vía telefónica, asi que si ni tienes inconveniente, envíame un MP donde te pueda localizar, de hecho es la forma como he tenido comunicación con Gise.

Que Dios siga bendiciendo tu vida.

Tu hermano y amigo
_____
Memo

YosefGal
06-oct-2007, 01:53
25
Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho.



- ¿Rabi haani hu?

- Elay atah amarta


www hebreofacil tk