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Ver versión completa : No escondas tus Seimientos


CarlosBlanco
21-feb-2003, 19:14
"No escondas tus sentimientos".


Esconder los sentimientos en el matrimonio es un juego peligroso, pero es tan común que muchas veces no se le concede la importancia debida. Quizás te sorprenda saber en cuántas diferentes formas el temor mantiene al marido y a la mujer alejados de esa relación íntima que ellos desearían tener. Todas hemos experimentado ese deseo de conservar nuestra individualidad y, al mismo tiempo, sentirnos unidas con nuestro esposo. En el mismo suspiro decimos «¡abrázame… pero no demasiado fuerte!»
Ocultando los sentimientos
Cuántas veces el esposo llega a casa y ya al abrirle la puerta nos damos cuenta de que algo le ocurre. Como consecuencia lógica le preguntamos qué le pasa, y nos contesta «no es nada». Pero su rostro y su cuerpo nos están diciendo lo contrario, que algo le está molestando. Si indagamos un poco más, quizás nos conteste que no es nada importante y que ya e le pasará. Aunque él no tenga la intención de engañar a su esposa, existe una evidente contradicción entre lo que dice y lo que se refleja en su rostro.
No importa lo que digamos verbalmente, no podemos esconder nuestros sentimientos, especialmente de alguien tan cercano como nuestro esposo. Quizás afirmemos que no estamos enojadas, pero nuestras palabras hirientes nos traicionan. Puede ser que no admitamos que nos sentimos defraudadas, pero la tristeza en nuestros ojos nos delata.
Probablemente digamos que la actitud de nuestro esposo no nos dolió, pero las líneas profundas de nuestro rostro manifiestan otra cosa. Podemos controlar lo que decimos, pero nunca podremos controlar completamente nuestras señales no verbales (o silenciosas). Quizás Dios nos hizo de esta manera en un esfuerzo de minimizar los posibles secretos en el matrimonio.
Queriendo que fuéramos una sola carne, Él deseaba asegurarse que de alguna manera algo de nuestros sentimientos más profundos salieran al exterior aun cuando nuestras palabras estuviesen transmitiendo un mensaje diferente.
Si tú, o tu esposo, tienen problemas en expresar los sentimientos, recuerda que compartir honestamente sus sentimientos, el uno con el otro es esencial para construir la intimidad en el matrimonio.
Trabajen juntos para aprender a no ocultar sus sentimientos, sino a hablar con naturalidad de ellos, ya que son parte de vuestra vida en común.
¿Qué pasa si fracaso?
El temor a fracasar en el intento es el obstáculo número uno. Los esposos son los que más vacilan en compartir con sus esposas, casi siempre porque no lo han hecho antes, y tratan de evitar todo aquello en lo que de alguna manera pudieran fracasar.
La mujer necesita intimidad y, quizás durante años, intenta conseguir que su esposo exteriorice sus sentimientos para evitar la frustración que inexorablemente se va a producir ante necesidades no saciadas, pero muchas veces se ve forzada a dejar de intentarlo. Y eso conduce precisamente al segundo temor.
¿Y si me siento rechazada?
La barrera de un posible rechazo nos impide expresar cosas negativas o dolorosas a nuestra pareja. No olvidemos que el temor, en todas sus formas, es el más peligroso enemigo de la buena comunicación en el matrimonio. Pero la Palabra de Dios dice que el amor perfecto echa fuera el temor (1 Jn. 4:18). Al procurar, pues, buscar una mejor comunicación a pesar de nuestros temores, el mayor grado de confianza así logrado podrá desterrar esos temores que se han estado interponiendo.
Cuando hay sinceridad y amor no se corre ese riego, pero si hay engaño es posible que esa falta de honestidad en la pareja produzca ese rechazo tan temido.
Otro temor se expresa en estas palabras:
¿Y si pierdo el control?
Es natural el desear mantener el control de nuestra vida, pero la intimidad en el matrimonio es un reto o desafío a ese control. Si no hay una total confianza en el otro, una persona puede temer que su pareja pueda usar la información confidencial en contra de él (ella) o explotar esa intimidad como una forma de control.
Joaquín confesaba no hace mucho: «Yo he procurado hacer que Inés pueda ver cuáles son mis necesidades. Le he dicho cuánto necesito oírla decirme "te amo". Pero Inés rehusa hacerlo si yo no me avengo a hacer todo lo que ella quiere. Me siento manipulado y controlado. Ahora sé que es demasiado peligroso compartir mis más profundas necesidades con ella, así que he dejado de hacerlo».
La buena noticia es que la comunicación honesta y persistente puede romper esta barrera. Al crecer la confianza entre las dos, estos temores pueden ser desterrados.
¿Qué pasa si el compartir produce una pelea?
El conflicto es parte de la comunicación, ya que toda pareja tiene derecho a tener distintas opiniones. «Todo tiene su tiempo», dice Eclesiastés, y el compartir también. Hay cosas que demandan ser compartidas diariamente. Otras, muy íntimas, que irán revelando tu verdadera personalidad tendrás que pedirle al Señor te diga cuándo y cómo hablar de esos sentimientos con tu esposo. Nunca producirá una pelea aquello que se dice en el tiempo oportuno, son sinceridad, amor y sabiduría.
¿Y si nos unimos demasiado?
El temor de llegar a una intimidad donde se sienta que realmente somos una sola cosa se debe a que tenemos miedo a no guardar un equilibrio entre mantener la individualidad y desarrollar un mayor acercamiento al cónyuge. Siempre está el peligro de que la personalidad de uno de los dos domine la relación. Una pareja me dijo: «por supuesto que queremos llegar a ser uno, pero todavía no hemos decidido cuál de los dos».
Llegar a disfrutar de ese equilibrio lleva tiempo. Elsa y Pedro habían logrado ese equilibrio, pero ahora, al llegar a los 50 años de casados, Pedro tuvo miedo de esa intimidad que siempre habían experimentado, porque en ese momento sentía que no podía compartir con Elsa sus sentimientos de preocupación al no querer que ella se inquietara. Pero imposible fue todo intento de ocultarlos. Estaban tan unidos que no necesitan hablar.
Desenmascarando tu verdadera persona
Muy pocas personas están dispuestas a revelar la gama completa de sus debilidades, aun a su cónyuge. Sin embargo, puedo garantizar que el pretender defender una autoimagen ideal, habrá de erosionar la intimidad de la pareja.
Para ayudarnos a evitar llegar a ser una contradicción viviente, todas necesitamos recordar que Dios no nos ha llamado a defender nuestra propia imagen, sino a proteger y desarrollar nuestro matrimonio. Cuanto más consistentes son nuestras palabras, sentimientos y comportamiento, más estaremos favoreciendo nuestro matrimonio.
No importa cuánto tratemos de disimular, no podemos realmente ocultar nuestros sentimientos.

Conclusión:

Debemos enseñar a la juventud que ir al matrimonio, significa desear formar una sola carne con la persona amada. Así de simple. Querer compartir con esa persona, todo, conforme hemos declarado al momento de contraer matrimonio. Debemos ir preparados y deseosos de cumplir los votos hechos ante la presencia del Señor. Estar dispuestos a cumplir Su mandamiento y ser los dos una sola carne; Y ambos poner en práctica 1 Corintios 13.

Bendiciones!.
Rev:Carlos Blanco

elmollejotravieso
27-feb-2003, 02:37
Hermano,para vencer esas barreras,uno debe luchar cotra tabúes y falsos conceptos como lo son que:"el hombre siempre debe ser un triunfador,y si no es así,es un derrotado",o :"la mujer no debe decir todo a su esposo,pues entonces éste se podría desencantar de ella".
Mi padre estuvo muy enfermo(de cáncer),y sin embargo no lo aceptó,ni dijo nada de lo que tenía,hasta que fue demasiado tarde.Cuando en una pareja hay "sitios de ocultamiento" entonces habría de todo...menos una unión en la que serían UNA SOLA CARNE.
Mi esposa me conoce ya muy bien.Son casi 18 años que llevamos unidos,al igual yo la conozco muy bien a ella,y entrambos conocemos cuando algo no está bien,sea en ella o en mí.Eso pasa cuando hay una comunicación y diálogo entre la pareja.
Muy bueno y atinado el tema,hermano.
Que el Señor les bendiga.

LIDIALOHE
10-abr-2003, 08:43
Gracias por tu aportación hermano Carlos Blanco. Y estoy contigo en que debemos enseñar a nuestros jóvenes lo que quiere decir el matrimonio. Hay muchas frases y chistes calificándolo de falta de libertad y de grandes ataduras, pero sinceramente creo que bajo el amor todo, y repito TODO se puede afrontar.
No me casé con mi esposo hasta poder responder afirmativamente a la siguiente cuestión: Debía estar segura de estar a su lado pasara lo que pasara, aunque él cambiase, tomara alcohol desmesuradamente o cometiera infidelidades... Sé que es muy duro en la sociedad en la que vivimos plantearse el perdonar a nuestro cónyuge. Lo más sencillo son las rupturas…y…rehacer nuestra vida… ¡Qué engaño!
Los jóvenes de hoy en día confiesan: Yo quiero a mi novio/a, y nos vamos a casar. Pero, si cambia… ¡ah, no! No estoy dispuesto a sufrir. ¡Peor por él/ella! ¡Si cambia… todo se acaba! ¡Y a por otro/a!
Van al matrimonio con la carta de divorcio condicionada a lo que ellos llaman amor…
¿Os imagináis a nuestro Señor diciendo… "Yo entregué mi vida por ti. Y te perdono de todos tus pecados.. Pero.. ¡no vuelvas a pecar! ¡ni tan siquiera de pensamiento! Porque si no… ¡Nuestra relación se acaba!
No, nuestro Señor no es así. Nos perdona y nos acoge una y otra vez. ¡Cuánta misericordia la de Aquél por quien por nosotros murió!
Creo, honestamente, que el matrimonio sólo se puede entender a la luz de la Palabra.